Las almas solas son fantasmas
Es bueno recordar que las almas solas son fantasmas y que los cuerpos solos son cadáveres. La tarea explícita de celebrar los sacramentos es la más importante porque afecta al destino eterno de una persona. Sin embargo, el cuerpo es sacramento del alma. El único acceso que tenemos a la interioridad de una persona es a través de su expresividad corporal.
— padre Christopher Hartley,
en una una entrevista para el diario El Mundo.













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El alma según la palabra lo forma la mente y el “corazón”, los sentimientos. Me gusta como dice la Palabra, que es ella misma, como espada de dos filos, la que “corta-separa” el alma del espíritu… y hay profundidad ahí.
Por otro lado, si se refiere al espíritu, nada más lejos de ser un fantasma. Lo que, de nosotros, es “imagén y semajanza” de Dios, lo que un día ha de volver a Aquel que lo creo. De hecho más acertado que “fantasma” sería la de “zombies”, los que estan en vida, muertos espiritualmente…
En fin, un tema interesante, y desde luego, no concuerdo con Hartley.
Interesante Jaaziel. Me parece que un zombie sería más bien un cuerpo reanimado y no un alma sin cuerpo. Pero fuera de las consideraciones etimológicas considero valioso lo que sostiene tu compueblano Hartley: tenemos que servir al ser humano de forma integral y en todas sus partes: física, mental-emocional y espiritualmente. Seguimos conversando.
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Durante años he predicado sobre la importancia de hacer cosas para Dios (ministerio, misión) y tener una visión; en resumen, he hablado mucho de «hacer» y ahora tengo más urgencia por hablar de «ser». Me he dado cuenta de que hablar de visión obviando el carácter es sumamente peligroso, tanto como una bomba de tiempo, una construcción mal sustentada o una olla de presión.
Es muy cierto que no todo el mundo tiene la capacidad de moverse de una realidad socioeconómica a la otra, pues hacerlo requiere primero tener las oportunidades necesarias y luego pagar un alto precio en carácter y sacrificio, y cierto también es, que aquellos que lo pagan con frecuencia son perseguidos por quienes se quedan rezagados.
Aquellos que poseen mucho conocimiento (ya sea porque se sacrificaron para adquirirlo o porque tienen una mente privilegiada) a menudo no son los más aventajados. Esto sucede porque se obvian otros dos puntos de apalancamiento (aparte del conocimiento) de igual o quizás hasta mayor poder e importancia: la experiencia y las relaciones.
Este método lo he puesto en práctica (con mayor y menor rigor y relativo éxito) para determinar la viabilidad de proyectos tan variados como la escritura de artículos, distribución de materiales, preparación de enseñanzas y conferencias e iniciativas de discipulado dentro de mi iglesia local. Al ser sumamente genérico estoy seguro de que sería extrapolable a otras áreas.
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