La fe como un bastón
Estoy compartiendo una serie de enseñanzas sobre discipulado todos los miércoles de diciembre en la Iglesia Vida Abundante. El hecho de que sea esta una congregación relativamente nueva hace sumamente especial la ocasión, pues lo que una iglesia aprende en sus primeros tiempos determina grandemente lo que será el día de mañana. A continuación comparto parte de la enseñanza que les llevaré hoy.
El cristianismo te puede liberar o encerrar, expandir o detener, impulsar o estancar. La forma en asumas ésta fe determinará lo que ella será para ti: una escalera (que te elevará, haciéndote mirar hacia arriba con optimismo) o un bastón (que te encorvará, dirigiendo tu mirada hacia el suelo). Un argumento que constantemente esgrimen los detractores del cristianismo es que nuestra fe no es más que un refugio para los hombres débiles, que en ella se esconden sólo aquellos que no tienen la valentía de enfrentar la vida tal y como es, con sus sinsabores, injusticias y reveses. Su percepción —la cual es sólo parcialmente cierta— se construyó con el ejemplo de aquellos que tomaron la fe como un bastón.
Es muy común encontrar personas acercarse a la iglesia luego de una crisis de salud, emocional, económica o existencial. Esto es sumamente natural y esperable: cuando las personas están atravesando momentos de cambios o dificultad, se muestran mucho más abiertas. Lo que no es ni normal ni conveniente es que sólo se queden en el primer paso (acercamiento). Gran parte de ellos no dan el siguiente paso, que es comenzar a enfrentar sus problemas con la ayuda de Cristo, sino que los ignoran y empiezan a actuar como si ya no existieran; a esto comúnmente se le llama, erróneamente, fe. Memorizan uno o dos versículos y clichés y los utilizan como interruptores mentales para condicionar sus pensamientos. Cuando los problemas florecen, cuando comienzan a amontonarse las facturas o el cobrador toca la puerta, ellos recitan como un mantra Filipenses 4:13, Todo lo puedo en Cristo que me fortalece, y se quedan de brazos cruzados.
Convertirse a Cristo no se trata de meter todos nuestros trastes sucios en un estante y cerrar la puerta esperando que se laven solos, tampoco de arrastrarse con un bastón; no consiste en «suspender» la realidad, sino en definirla para poder enfrentarla desde una nueva perspectiva. Tus deudas deben ser pagadas, tus relaciones restauradas (algunas de ellas suspendidas o reformadas) y sobre todo, es imprescindible tomar decisiones, en especial aquellas que son incomodas. Encerrarte a orar en el templo no detendrá el transcurrir del tiempo, y aquellos que vayas dejando para mañana, con la excusa de que por fe se resolverá, tarde o temprano te alcanzará, aumentado por el interés compuesto. Tal como dice Proverbios: tus pecados te alcanzarán.
Venir a Cristo no se trata de tomarse una aspirina para simplemente calmar el dolor, sino de enfrentar el problema por la misma raíz: primero se trabaja con el pecado, que nos llevó a tomar decisiones desacertadas, y luego con nuestro carácter, el cual se formó con nuestras decisiones. Pero revertir los efectos negativos de toda una vida andando de espaldas a Dios requiere tiempo, esfuerzo y sacrificio; es un proceso peliagudo —una parte de nosotros quiere volver a hacer las cosas del modo más fácil y la otra del modo correcto— y doloroso que sólo los valientes pueden atravesar. Nos aferramos con uña y diente de aquellos que nos es cómodo y habitual y sólo con un doloroso desprendimiento podemos comenzar a crecer. Siempre será más fácil pretender que todo está bien, repetir los versículos, los clichés o poner un CD de música cristiana positiva, que trabajar para conseguirlo. La primera opción «relaja», pero la segunda duele. Cuando hemos vencido sentimos como que se rompe algo: dejamos de mirarnos los pies o el ombligo y miramos hacia arriba.
Cuando vengas a Cristo y seas parte de su iglesia, tu carácter será fortalecido; tendrás una estructura de valores y verdad firme y sólida sobre la cual podrás en lo adelante construir con seguridad; una comunidad de fe, esperanza y amor que te apoyará y respaldará en el camino. Pero serás tú mismo, aunque con la ayuda de estos tres elementos (carácter, estructura, comunidad), quien tendrá que enfrentar tus propios problemas. Dios ya hizo por nosotros aquello que, aunque hiciéramos nuestro mejor intento, nosotros no podríamos hacer, pero dejó la otra parte en nuestras manos. Nuestra fe no es un bastón, sino una escalera, no sólo te sostiene, sino que también te eleva. Desde arriba todo se ve mejor, más fácil y más cerca. En Cristo estamos mejor posicionados para enfrentar nuestra lista de pendientes.













Muy bueno, Rafa.
La fe como escalera, como “ala delta”.
Un abrazo y muy felices fiestas, mi querido hermano
Rafael, muy bueno,practico y refrescante. Que Dios te siga bendiciendo y utilisando para seguir con esa encenansa.
Muy bueno Junior, ultimamente estoy oyendo mucho la frase “ten fe” y estan posicionando la fe como algo individual de la que tu te ayudas por una posicion mental en la que la persona debe de agarrarse de lo “espiritual” , es como dices un mantra .
Sin embargo la fe viene por el oir y el oir por la palabra de Dios la base de la fe es cristo y como dices eso no significa que los problemas van a desaparecer sino,
toma tu cruz y sigueme…….
En verdade me ha gustado mucho este tema muchas bendiciones para ti.
Hay muchas maneras de usar un baston; Moises lo usó con fe, recuerda “¿Que es lo que tienes en la mano?” ; José lo utilizó como simbolo de autoridad; el tema mi querido hermano es ¿Como utilizas lo que tienes en la mano? Pues una escalera mal apoyada te lleva a la muerte; un bastón a un golpe; lo mismo sucede con la fe.
La fe es como una casa que edificas cada día, con dos elementos básicos: oración y conocimiento (bíblico) todo ello equilibradamente mucha oración la casa es debil; mucho conocimiento intelectual la casa sigue debil; como se decía hace mucho tiempo “orando y con el maso dando”
¿Que tienes en la mano? úsalo con fe porque el que se encarga en subirte es el Espíritu Santo… “y en mis alturas me hace andar”
Bendiciones; Felices Fiestas con los tuyos.-
Hermano, muy lindo lo expuesto. Slds.
Tema mas que interesante!!
Un saludo desde Reflexiones, Argentina.
[...] 5. Pez Mundial Cómo me gustaría escribir tan profesionalmente como lo hace Rafael. Tiene un blog digno de leer, abierto y positivo. “El cristianismo te puede liberar o encerrar, expandir o detener, impulsar o estancar. La forma en asumas ésta fe determinará lo que ella será para ti: una escalera (que te elevará, haciéndote mirar hacia arriba con optimismo) o un bastón (que te encorvará, dirigiendo tu mirada hacia el suelo). Un argumento que constantemente esgrimen los detractores del cristianismo es que nuestra fe no es más que un refugio para los hombres débiles, que en ella se esconden sólo aquellos que no tienen la valentía de enfrentar la vida tal y como es, con sus sinsabores, injusticias y reveses. Su percepción —la cual es sólo parcialmente cierta— se construyó con el ejemplo de aquellos que tomaron la fe como un bastón.” Leer Más [...]
no rotundamente no es una verguenza que siendo instructor tengas este concepto tan pobre de lo que es la fe lee hebreos 11 mas detenidamente y ve por tu misma mente que la fe en Cristo es lo maximo el el cristianismo verdaero el que nos eleva nos hace mejores en todos los aspectos de la vida sin embargo tambien existe el iglesismo y este es el quea menudo se confunde
Soy una apasionada de los mensajes realistas, fuertes, pero tremendamente edificantes, esta comparacion de la Fe como un Baston, es sin lugar a dudas uno de los mejores mensajes que he encontrado en mi caminar como nueva cristiana.
Bendiciones
Una crítica que el cristianismo presente necesita para no terminar de ahogarse en su propio misticismo, pero hay que ahondar más en el tema. La condición actual del cristianismo en general está demandando una acción más decidida y radical en pro de estos temas. Buen artículo, pero tibio para una necesidad presente más apremiante.
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Durante años he predicado sobre la importancia de hacer cosas para Dios (ministerio, misión) y tener una visión; en resumen, he hablado mucho de «hacer» y ahora tengo más urgencia por hablar de «ser». Me he dado cuenta de que hablar de visión obviando el carácter es sumamente peligroso, tanto como una bomba de tiempo, una construcción mal sustentada o una olla de presión.
Es muy cierto que no todo el mundo tiene la capacidad de moverse de una realidad socioeconómica a la otra, pues hacerlo requiere primero tener las oportunidades necesarias y luego pagar un alto precio en carácter y sacrificio, y cierto también es, que aquellos que lo pagan con frecuencia son perseguidos por quienes se quedan rezagados.
Aquellos que poseen mucho conocimiento (ya sea porque se sacrificaron para adquirirlo o porque tienen una mente privilegiada) a menudo no son los más aventajados. Esto sucede porque se obvian otros dos puntos de apalancamiento (aparte del conocimiento) de igual o quizás hasta mayor poder e importancia: la experiencia y las relaciones.
Este método lo he puesto en práctica (con mayor y menor rigor y relativo éxito) para determinar la viabilidad de proyectos tan variados como la escritura de artículos, distribución de materiales, preparación de enseñanzas y conferencias e iniciativas de discipulado dentro de mi iglesia local. Al ser sumamente genérico estoy seguro de que sería extrapolable a otras áreas.
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