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Estratificación social en la iglesia

2 November 2007 : 12:25 pm Rafael Pérez 4,018 Lecturas

Este ensayo lo escribí hace unos meses y nunca lo llegué a publicar, principalmente porque pensé en el momento que al ser un tema espinoso podría generar algunos malentendidos. Otra razón de peso fue que tenía pendiente unas cuantas consultas a otros autores (Karl Marx, Max Weber) que han pensando y rayado papel sobre estos temas mucho más y por mucho más tiempo que yo. Al final se quedó en borrador y tampoco he tenido el tiempo de contrastarlo. Lo presento ahora tal como lo pensé y prometo en un futuro hacer una revisión. Léanlo por partes (pues quedó un poco largo) y envíenme su retroalimentación.

Niveles socioeconómicosUn tema que últimamente se aborda mucho en las sobremesas cristianas y relativamente poco desde los púlpitos y las letras, es el de las clases sociales y su influencia en el ambiente eclesiástico. Se dice que tal iglesia es de clase baja, tal de clase media y la otra de clase alta. Fulano sembró una nueva obra intentando alcanzar a la clase media alta y sutano intenta alcanzar a los nuevos profesionales que se desplazan por el casco urbano de la ciudad —se comenta—. El comodín con el que se ha venido evitando este tema en la conversación pública de la iglesia es la máxima «la iglesia no es un club social». Me gustaría que diéramos el saltito mental y en vez salir de nuevo por el camino más corto, dedicáramos un poco más de tiempo a analizar el asunto.

No niego que estas distinciones en la iglesia me crean cierto malestar y líbreme Dios de intentar aplicar el Coeficiente de Gini a nuestras congregaciones, pero lo que me ocupa en este momento no es la conveniencia de la distinción, sino el problema raíz. Pienso que antes de analizar si es adecuado clasificar —no dividir— las congregaciones en clases, hay que entender, primero, la utilidad y origen de estas estatificaciones sociales.

Si bien la iglesia no es un club, sino un organismo vivo, un cuerpo, es una institución que aunque los más espiritualistas no quieran concederle el calificativo de «social», creo que estamos de acuerdo en que a la sociedad sirve y en ella se desenvuelve. Hace unos años estaba yo compartiendo en las afueras de la ciudad con una pareja de pastores amigos, mucho mayores que yo, en una finca de su propiedad, la cual compraron con su dinero trabajado y sudado. Mientras él me contaba sobre sus orígenes y trayectoria, cómo lograron mudarse a la ciudad, estudiar en la universidad, tener los hijos y continuar los estudios (llevaban los recién nacidos al aula), luego establecerse en el mercado laboral y después hacer el sacrificio necesario para iniciar un pequeño negocio, ella, entre un suspiro, me dijo: «realmente es difícil moverse de una clase social a otra». Yo me quedé más con las palabras de ella que con las de él, y sigo pensando si hablar de clases es un simple capricho o el reconocimiento al trabajo y sacrificio que unos hacen y otros no.

El precio del progreso

Es muy cierto que no todo el mundo tiene la capacidad de moverse de una realidad socioeconómica a la otra, pues hacerlo requiere primero tener las oportunidades necesarias y luego pagar un alto precio en carácter y sacrificio, y cierto también es, que aquellos que lo pagan con frecuencia son perseguidos por quienes se quedan rezagados. Hay dos tipos de pobres, el primero es el que ve a su igual progresar y le sigue los pasos (haciendo las correcciones necesarias), el segundo se queda sentado y le lanza piedras; yo pienso que el verdadero pobre es el segundo.

Lo que menciono es una realidad socioeconómica que también tiene su lectura a lo interno de nuestras congregaciones. En una iglesia local compuesta mayoritariamente por pobres del segundo tipo, en el momento que uno de sus miembros pague el precio del progreso —estudiando, trabajando o eliminando los malos hábitos que le mantenían en la pobreza— es casi seguro que tendrá que salir, pues aunque su deseo fuera permanecer con sus hermanos, serán ellos los primeros en rechazarle o intentar limitarle.

Cualquier manifestación de su mejoría (un carro como mejoría en su capacidad de transportación, mejoría en la vivienda, mejoría en la alimentación, mejoría en cuanto al acceso a servicios de salud) será procesada en dicho entorno como vanidad: ya no se transporta como se transportaba, no vive donde vivía, ni come lo que comía. Pero la realidad es que si en vez de criticar, sus iguales le imitaran, en vez de intentar traerlo a su condición anterior, se moverían con él.

Es muy lamentable que en nuestro entorno el progreso económico sea sinónimo de mundanalidad, pero no sorprende, pues nos hemos encargado durante años de hacer una apología de la precariedad y la pobreza donde éstas han llegado a ser sinónimo de santidad y hasta madurez cristiana. Por otro lado, un pensamiento común entre aquellos que no están dispuestos a pagar el precio es que todos los ricos son ladrones, siendo esto último más que una razón, un consuelo mediocre. Lo extraño es que sólo la riqueza bien hecha es «mundana»; aquella que llega de golpe y porrazo, de forma mágica, al dar dinero a algún ministerio, es beatificada en el proceso. Aquí se presentan los dos extremos: por un lado los que sostienen que las riqueza son malas, y se sientan, y por el otro, los que hacen de Mammón su dios, y las adoran. Siendo así, nuestras iglesias regularmente se mueven de un extremo al otro, en ambos, dejando de trabajar: de la indigencia por negligencia (dejan de trabajar por su confianza en Dios) o a la prosperidad por medio de la super-fe (dejan de trabajar por su «fe» en Dios).

Diferencia de intereses

Las personas, de acuerdo con su situación socioeconómica, tienen diferentes intereses, y aunque a grandes rasgos todos podemos tener necesidades semejantes (fe, esperanza y amor, por ejemplo), a medida que se cambia de un nivel social a otro, estos intereses también varían. En República Dominicana, por ejemplo, se asume que el pobre escucha ritmos musicales populares que por su letra simple y su ritmo contagioso entiende y disfruta con facilidad. Pero tomando en cuenta que escuchar otra música está para él al alcance de un movimiento del dial, habría que preguntarse por qué no escucha música clásica, o rock americano. La respuesta es simple: no ha sido preparado para apreciar a Mozart y no puede entender el inglés. Para sus capacidades y necesidades del momento, la bachata o el mambo violento (principalmente en aquellas canciones de letra mediocre) bastan y sobra. Él no la consume por imposición, sino por gusto y de buena gana.

Es un hecho bien sabido que la iglesia protestante no entró a Latinoamérica por las esferas más acomodadas, sino por las más pobres y necesitadas. Cuando los primeros misioneros entraron a nuestros países no fueron donde los ricos, sino donde los pobres, quizás por un asunto de justicia o por simple comodidad. Si se analizan cuáles fueron los movimientos protestantes que más éxito tuvieron en este lado del mundo, no fueron los bautistas (dados a los sermones profundos), sino los pentecostales, principalmente, y luego los adventistas. Estos dos fueron exitosos porque le dieron a nuestra gente aquello que realmente necesitaban: salud, entre otras cosas. Los adventistas con el naturismo y los pentecostales por medio del milagro.

Si se analiza la liturgia de un culto pentecostal, se entenderá que apela directamente a las necesidades de los más pobres: música muy simple, fuerte e interactiva; mucho espacio para las emociones y estimulación de los sentidos; representatividad, por medio de posiciones de liderazgo. Con relación a la música simple, ya dije que las personas escuchan lo que pueden, de acuerdo a su capacidad, pero agregaré que el sonido estridente, tan fuerte que ni se alcancen a escuchar las letras (evitando así el trabajo de pensar para disfrutar), permite que la gente sienta «algo». Lo mismo que podían sentir los ricos al ir a la ópera, podían probar los pobres al ir al culto. Si se le agrega esto el fenómeno de «el toque», ya los pobres pueden ir hasta más lejos, pues no sólo aspiran a lo divino —quizás objetivo último de las bellas artes—, sino que lo palpan.

Es común visitar una iglesia de barrio donde hay veinte miembros y 15 directivos: diáconos, coordinadores de comités, presidentes de sociedades, secretarios, tesoreros y vocales. A diferencia de las congregaciones de clase alta, donde todo sucede de manera más fluida y ordenada y el liderazgo funciona tras bambalinas, en éstas el programa es bastante accidentado y todas las partes del mismo son ocupadas por algún directivo bien visible y previamente presentado. La dirección la tiene la hermana Juana, secretaria de damas; el devocional el hermano Antonio, presidente de los caballeros; los anuncios, Inés, encargada de tal comité y el mensaje, el pastor, pero lo presentará un diacono que también orará por él y dará su nombre.

No es coincidencia que esto suceda así, pues cuando un pobre que nunca había tenido ningún tipo de representatividad social llega a ocupar alguna posición dentro de la iglesia local, es para él un paso muy significativo y desea comunicarlo. El problema en las iglesias de posición acomodada es encontrar quienes ocupen dichas posiciones, pues al estar todos ocupados en sus negocios, carreras o proyectos, nadie quiere involucrarse.

La clase alta evangélica

Durante años, ser evangélico en República Dominicana era sinónimo de atraso y mediocridad, pues nuestras iglesias estaban llenas a rebosar de pobres rezagados, quienes relacionaban el progreso con la mundanalidad y limitaban a sus iguales. En aquellos tiempos oscuros eran comunes los debates sobre la conveniencia de que los jóvenes cristianos cursaran estudios universitarios. Aquellos creyentes de primera generación, que no sabían leer ni escribir, intentaban mantener a sus hijos en su misma condición bajo el pretexto de que la letra mata y el contacto con la ciencia y la filosofía los convertiría en ateos.

Después de muchos dolores y no pocos traumas, una camada de creyentes valientes se impuso y logró capacitarse, mejorando así sus condiciones socioeconómicas y la de los suyos. Al suceder esto, pudimos alcanzar con el evangelio a otras clases sociales y poco a poco se fueron eliminando los prejuicios. Si bien es muy fácil que el rico le llegue al pobre, como sucedió con los misioneros, es mucho más difícil que el pobre le llegue al rico. Si hoy hablamos de iglesias de clase media o clase alta es porque un grupo de creyentes pagó el precio del progreso, mejoró sus condiciones y se estableció en dichas esferas, que están compuestas por éstos y sus iguales, con quienes ellos compartieron su fe.

Tres observaciones finales

Termino este ensayo pensando en las tres formas en que se puede asumir el evangelio y sus implicaciones en los diferentes estratos sociales.

  1. Algunos han sostenido que para militar en este camino hay que ser pobre, y para ello se fundamentan en que los primeros cristianos vendieron todo lo que tenían. Para éstos, la riqueza es sinónimo de pecado. Lo que no dicen es que el motivo de su desprendimiento no fue simplemente hacerse pobres, sino ayudar a sus iguales de la manera que estuvo a su alcance: repartiendo lo que tenían. Cuando aquéllos se desprendían de sus posesiones no las quemaban, sino que las vendían para que sus hermanos tuvieran por lo menos algo para comer. Pienso que no estoy siendo muy capitalista al argumentar que en el hecho que esos bienes se vendieran, se les estaba asignando algún tipo de valor. Creo que si en vez de aspirar a ser pobres para ser iguales en necesidad, anheláramos trabajar honradamente, desprendiéndonos a la vez de malos hábitos, dañinos y poco cristianos, como el consumismo y el derroche, progresaríamos, pudiendo mejorar así las condiciones de nuestra gente. Seríamos iguales en abundancia, y estaríamos mejor.
  2. También están los que afirman que todos los cristianos deberíamos ser ricos; para éstos, la pobreza es sinónimo de pecado. Adoptar esta posición sería un extremismo, pues aunque es cierto que salir de la pobreza es posible para quienes pagan el precio, tampoco en esto funcionan las soluciones mágicas o los siete pasos. Tal como en las cosechas, donde el agricultor siembra la semilla y la cuida, esperando que otras circunstancias que escapan a su alcance la favorezcan, sucede en las riquezas. Las buenas cosechas y las riquezas son don de Dios, y a todos nos llegan buenos y malos tiempos. Ahora, un agricultor perezoso que no cumpla su parte del trabajo, por muy buenas lluvias que reciba, nunca estará en condiciones de aprovecharlas.
  3. Me parece que la respuesta no está en un lado ni en el otro, pero admito que cualquier hombre que ponga en práctica los principios cristianos de equidad, justicia y honradez, tiene altas posibilidades de ser próspero. Pero por otro lado, si a pesar de poner esto en práctica, no nos llegan los buenos tiempos, siempre nos queda el contentamiento y el pan seguro de cada día. Aunque estoy seguro de que Dios está tan interesado en nuestra condición presente como en la futura, comprendo que Él es el dueño de todo, y reparte Sus dones según Su gracia, a cada quien lo que le conviene. Siendo así, siempre tendremos ricos y siempre tendremos pobres, creyentes de clase baja y creyentes de clase alta, y por esto, todos los miembros de la iglesia tendrán el pan asegurado. También tenemos las herramientas necesarias para asegurar la movilidad social: disciplina y contentamiento, lo primero para cuidar los recursos que pone en nuestras manos nuestro Dios, quien prometió suplir todas nuestras necesidades y lo segundo para sentirnos bien con su provisión.

Que existan capas socioeconómicas a lo interno de la iglesia me tiene sin cuidado —es más, me alegra, para que podamos cumplir los «unos a los otros» que mencionan las escrituras—, ahora, que exista elitismo, donde alguien se crea que es superior a su hermano sólo por el hecho de tener dos pesos más en los bolsillos, sí sería un problema. Cristo se movió de un estrato social a otro (comía con pobres y ricos indistintamente, vivió con los primeros, fue enterrado por los segundos) y nos demostró que aunque nuestras referencias culturales sean tan abismales que nos alejen, todos compartimos una serie de necesidades muy primarias universales que nos unen y nos recuerdan que sobre todas las cosas, somos humanos y parte de la misma creación: la fe, la esperanza y el amor.

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15 Comentarios »

  • aljueazo dijo:

    Visitá nuestro Ministerio de Jóvenes y Adolescentes… http://aljueazo.blogspot.com

  • Alejandro Vazquez dijo:

    Hola Rafael,
    Me parece bastante interesante tu acercamiento a este tema que realmente pocas veces es revisado en nuestras iglesias.
    Ha sido alentador notar como el evangelio ha llegado a estratos socio-económicos mas altos de manera creciente.
    Aunque para hacer honor a la verdad hay que recordar la labor del insigne misionero Diego Thomson, que llegó a las Américas muy poco después de las independiencias.
    Diego Thomson en muy poco tiempo logró resultados sorprendentes en diferentes países desde México hasta la Argentina pero el trabajó desde los estratos altos hacia abajo. Llegó a ser Ministro de Educación en Argentina, y estableció el metodo de enseñanza Lancasteriano que utilizaba la Biblia como libro de texto.
    Aca en México recibió tambien bastante apoyo de un embajador mexicano, el Sr. Roquefuerte y también estableció el mencionado método educativo.
    Si no te molesta adjunto un link sobre un posteo que coloque en mi blog sobre el:
    http://lavozeneldesierto.com/2007/05/09/diego-thomson-y-la-llegada-de-la-biblia-a-mexico-y-latinoamerica/#more-87
    Mu buen tema.
    Gracias

  • Ray dijo:

    Excelente ensayo. Me gusta la forma de ver la iglesia como una institución social (de servicio a la comunidad).

    Lamento que todavía no se ha eliminado de la mente de muchas personas que ir a la universidad es pecado. O que las materias que se imparten nos vuelven ateos o locos.

    Mientras leía el ensayo pensaba en lo que dice el ultimo párrafo, las capas socioeconómicas a lo interno de la iglesia son algo inevitable, ya que Jesús vino a salvarnos a todos (ricos y pobres) por igual.

    Lo que debemos evitar es eso de no aceptar a personas por que tiene menos dinero que yo o porque tiene mas dinero (ELITISMO). Esa es la situación que realmente considero mal ante los ojos de Dios.

    Excelente trabajo
    Bendiciones.-

  • Rafael Pérez dijo:

    Alejandro ― Sumamente interesante la historia de Diego Thomson, gracias por el dato, pues no la conocía. Quizás cosechó un fruto tan grande porque, tal como dices, inició por arriba y utilizó la educación. De todos modos, pienso que muchos otros han emprendido la tarea inversa y también han cosechado. Lo importante es que todas las esferas sean alcanzadas con las buenas nuevas, pues todos compartimos la misma necesidad. Bienvenido a PezMundial.

  • Rafael Pérez dijo:

    Ray ― Gracias por tus comentarios, gusto en verte. Me alegra que el ensayo te sea de provecho. Saludos a los jóvenes de Dajabón.

  • JUAN CARLOS dijo:

    INTERESANTE TU ENSAYO
    CREO QUE LA PREPARACION DE UNA PERSONA DIOS LA PUEDE USAR PARA EL MINISTERIO , SIN TENER QUE DEJAR DE TRABAJAR Y PREPARSE EN SU CARRERA , NO DEBE AFECTAR TU RELACION CON DIOS , SINO USARLA COMO OPORTUNIDAD DE MINISTERIO, ALCANZAR A OTRAS PERSONA.
    saludos
    INTERESANTE TU BLOG

  • Cristoadicto dijo:

    En una ocacion a un Diacono de mi iglesia, el cual antes de convertise ocupo varios puestos politicos, les dijo a unos viejos amigos que se encontro en un cafe y le invitaba a platicar con ellos, yo ya me entregue a Cristo, ellos respondieron con burla, Entregate a las autoridades y regresa lo que te robastes, el Diacono no contesto y se fue.
    Los se porque mi padre (inconverso) estaba entre ellos.
    Despues de unos años el Diacono dono un terreno de 2 hectareas a la Iglesia, esta historia por supuesto no la contaria en mi iglesia.

  • NANCY HERRERA MONTOYA dijo:

    MUY EDIFICANTE SUS MENSAJES SOY UNA MUJER DE 48 AÑOS, TENGO DOS PRECIOSOS HIJOS VARONES DE 21 Y 15 AÑOS, ME AGRADARIAN QUE ENVIEN MENSAJES DE COMO ENTENDER A ESTOS JOVENES Y MANTENER UNA RELACION MADRE-HIJOS EDIFICANTE, SANA Y ARMONIOSA. DIOS BENDIGA SU MINISTERIO Y LES BENDIGO EN EL NOMBRE DE JESUS DESDE MI PATRIA HERMOSA EL ECUADOR, QUITO SU CAPITAL.

  • Rafael Pérez (Autor) dijo:

    Saludos Nancy, bienvenida a PezMundial. aunque no son los temas que regularmente tratamos por aquí, tendré en cuenta tu solicitud. Gracias y paz.

  • Leonel dijo:

    Hola amigos, participo de bastante lejos, el querido Uruguay, donde la iglesia evangelica representa entre un 3 o 4 o/o, aunque cuenta con un respeto generalizado (y callado) de parte de la sociedad (menos ciertas seudoiglesias que claramente hacen del evangelio una cosa de lucro) A proposito de esto, ya que el versiculo lema de ellos es el Malaquias y los diezmos y las bendiciones sucesivas; de mi parte me quedo con la parte que dice la Palabra “y haya alimento en mi casa”, pudiera referirse la Palabra que la misma iglesia administrara alimentos para aquellos que por alguna situación particular (falta de empleo, etc) esten pasando por una situacion economica dificil.Saludos, y el material del blog es muy bueno.

  • Nehomaris Sucre dijo:

    Recibe un cordial saludo d emi parte, bsucando una información me tope con tu ensayo y después de leerlo me gustaria compartir mi punto de vista contigo al repsecto.
    Comparto la misma Fé en nuestro PADRE que tienes tú, no obstante algunas de tus apreciacioens sobre la realidad social que emerge en el seno de las congregaciones me parecen que deben ser objeto de revisión.
    En primer lugar tu posición me parece de corte liberal, hablas de “igualdad de oportunidades”, lo que quiere decir que todos tenemos iguales oportunidades para progresar, es decir, si el pobre se esfuerza lo suficiente peude llegar a ser como el rico, pero que pasa cuando echamos una mirada a la relaidad y vemso que existe esa igualda d de oportundiades, pero no hay igualdad de condiciones, por ejemplo un joven rico peude pagar facilmente los estudios en una uuniversidad, transportarse diarimente en carro propoio, no trabaja porque sus apdres le pagan todo, el joven pobre sin embargo debe trabajar para pagar sus estudios, no tiene ni zapatos buenos para ir a clases, y mcuhas veces sus padres no poseen recursos para ayudarlo con lso gastos de su carrera sino que el debe ayudar a su familia, tanto el como el rico pueden alcanzar un título universitario, tienen las mismas oportunidades, pero no las mismas condiciones, es como decir que un indigente que viv en un país tercenmundista y un profesional de clase media que habita en un país desarrollado peuden irse de crucero en verano porque para ambos estan abiertas las oportundiades en las agencias de viaje, pero lo cierto es que ambos no tienen las mismas condiciones.
    Cuando hablo de igualdad de condicioens me refiero a que todos tengan lo minimo para lograr su desarrollo en sociedad. Con esto no estoy atacando a lso ricos por ser ricos ni nada de eso, menos en el contexto que Ud. los situa que es en el de las igelsias, lo que quiero resaltar es que el esfuerzo individual no basta para que un indiviudo alcance un emjor estatus economico, sino que debe ser la sciedad en su conjunto que luche por alcanzar igualdad de condiciones para que se desarrolle cada miembro de ella, esto me da pie para tocar otro punto concerniente asu ensayo, pero lo hare en mi rpoximo comentario.

  • Nehomaris Sucre dijo:

    En continuidad con las ideas esbozadas en mi anterior comentario, debo decir que he vistó en tu ensayo cierto hincapié en el individualismo, ya que señalas que que una persona peude progresar por su esfuerzo, creo respecto a eso,m que en buena parte el etrrible estado en el que se encuentran nuetsros países latinoamericanos hoy día, es por esa perspectiva, peusto que la idea de que el individuo por si mismo peude llegar a desplzarse de una clase social inferiro a una mayor nos ha llevado como sociedad a despojarnos de nuestro sentido colectivo y a epsnar en todos en lugar de uno, es decir, no creo conveniente para el desarrollo de neustos paises vivir pensadon que los pobres dejaran de ser pobres cuando cada uno de ellso se esfuerce para alcanzar un mejor nivel de vida, los povbres dejaran de ser pobres cuando todos mancomudamente nos esforcemos por crear igualdad de condicioens en neustros países, ayudandonos los unos a los otros, como Crsito quiere, ya que el mismo pedia nuestra unidad como cuerpo y el amor de los unos por los otros.
    Si nos amamos los unos a lso otros como Cristo nso amo, entonces deberiamos pesnar en el desarrollo de todos como colectivo y no en el desarrollo individual, en tal sentido la iglesia debe ser el ejemplo para esta sociedad que esta sedienta de cambios.
    Los Cristianso en lso primeros moemntos de la igelsia, cuando vendían sus propiedades y se repartian entre todos el producto de esas ventas, para de esta manera cubrir las necesidades de todos los miembros de las igelsias,no estaban haciendo más que crear iguales condiciones, es decir, estaban haciendo que cada cual tuviera el minmo de lso recursos necesarios para poder desarrollarse, y desde un punto de vista mas marxista aún diriamos que estaban creando las condicioens para que ninguno tuviese tan poco que fuera suceptible a ser explotado por otro y ninguno tuviese tanto que fuera capaz de explotar a otro.
    (continuará)

  • Nehomaris Sucre dijo:

    Otro aspecto que veo en tu texto y que requiere ser analizado con mucho respeto ya que son ideas muy bien esbozadas y dignas de ser debatidas, es el de la capcidad de los pobres para poder disfrutar de músicas que continen un alto grado de elaboración artistca como lo es la músca clasica, creo que has caido en un error de la lógica inductiva, es decir, has generalizado, has vsito casos singulares en los que los pobres solo oyen generos músicales que clasificas como simples y esto te ha llevado a concluir que los pobres sólo peuden interpretar este tipo de generos porque lso toros sólo peuden ser degustados por los ricos queien si poseen la capacidad mental para ello, en primer lugar te diria que debes venir ami país, la hermosa Venezuela, sobre la cual el Señor ha derramado un manto de gracia y dodne en muchso barios pobres día a día se le enseña a niños y jóvenes de pocos recursos economicos el arte de la música y puedes observar niños pobres tocando violines, flautas, trompetas e interpretando las más exquisitas piezas de Mozart y Bethoven, ¿quienes los escuchan?, no solo lso escuhas personas de clase alta y clase media, sino también personas de clase baja, ¿por qué? peusta siemplemente porque la música es un lenguaje universal y los pibres también tienen mentes para producir ese lenguaje y para interpretarlo.
    (continuará)

  • Nehomaris Sucre dijo:

    Me agrada que hayas hecho distinción entre los extremos que se manejan en las igelsias en cuanto al tema, asimismo em agarda que hayas hechohincapie en lo indebido del odio de clases ya que neustro Dios nos ha llamado a amarnos los unos a los otros.
    Tus argumentos me han parecido dignos de ser debatidos para btener a traves del debate aportespara esta sociedad que esta requerida de gente que se atreva a llevarle luz.
    Quisiera reomendarte, unos libros que considero muy buenos para eldesarrollo de estos temaas: Teología de la liberación- Perspectivas” de Gustavo Gutierrez, es un texto que analiza probelmas sociales y políicos a la luz de perspectivas teologicas, asimismo s encuentra el libro “La Etica Protestante y el Espiritu del capitalsimo” de Max Weber el cual te peude ser de mucha utilidad.
    Me alegra mucho que personas como tú se hayan atrevidoa escribir de temas controversiales como del que has escrito y espero que mis comentarios lleguen a ti con respeto, puesto que he pretendido hacerlos llegar de esa manera.
    Dios le bendiga mucho Pastor; hasta una proxima oportunidad

  • Jahiro Avila dijo:

    Rafael Dios te bendiga mucho, me parecen muy interesante tus ensayos, me gustaria conocer mas sobre ti. Soy de Higuey Provincia altagracia.

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