Anatomía de un desastre
La semana pasada me enteré de un caso sumamente lamentable pero que me hizo meditar sobre el poder del contexto y en cómo una serie de factores aparentemente aislados y casuales se pueden unir para dar a lugar a situaciones muy lamentables. Durante la pasada Tormenta Noel (uno de los fenómenos naturales que más daño han causado en la República Dominicana en los últimos años), el local de una iglesia que sirve a una de las comunidades más afectadas le cerró la puerta en la cara a los refugiados. (Por lo menos eso se entiende si se conoce el caso sólo de forma superficial o si se escucha un sólo toque de la campana.) Para explicar el hecho desde una perspectiva más completa y sistémica, primero lo narraré desde los ojos de Juan, un vecino de la comunidad, y luego desde la perspectiva de Nicolás, mayordomo de la iglesia y encargado de la llave. Al final compartiré mi opinión tomando en cuenta ambas percepciones del problema, las circunstancias atenuantes y el contexto.
La opinión de Juan
Mi nombre es Juan, viví hasta el lunes pasado a dos calles de la iglesia y mi familia perdió todo durante la Tormenta Noel. En eso de las diez de la mañana nos dimos cuenta de que algo raro estaba pasando. Desde el sábado no había dejado de llover y el agua estaba comenzando a entrar a la casa. María ―mi mujer― secaba el piso y yo recogía lo que podía para que no se mojara. En asunto de dos horas ya el agua nos cubría los pies y al poco rato la teníamos por la cintura. Sacados de la casa los trastes que pudimos y nos dirigimos junto a otros vecinos al local de la iglesia, que por estar un poco más lejos del rio y quedar en un lugar alto, era el único sitio donde no había llegado el agua. (Hace nos años, durante un ciclón, se usó como refugio)
Nos presentamos allí primero tres familias y le expusimos nuestra situación a Nicolás ―guardián de la iglesia―. Primero nos dijo que nos dejaría entrar, pero sin nuestros trastes, pero más tarde comenzaron a llegar otras familias y luego se llenó la calle de gente. Él cambió de opinión y sin ninguna explicación cerró la puerta con candado, prendió su motor y nos dejó a todos en la calle con los niños en los brazos. Nunca más volveré a esa iglesia, pues los cristianos no son más que un grupo de hipócritas. Domingo tras domingo nos invitaban a la casa de Dios y hasta nos regalaban cosas, pero cuando de verdad los necesitamos nos cerraron la puerta en la cara.
La opinión de Nicolás
Mi nombre es Nicolás. Por cinco años he sido el mayordomo de la iglesia. Vivo del otro lado del puente y todos los días temprano me levanto para abrir el templo y el centro comunitario que inauguramos a principio de año luego de recibir una donación de computadoras para que los muchachos del barrio hagan la tarea. Ese lunes había estado lloviendo, pero de todos modos crucé el puente para ir abrir el centro. Dudé que los muchachos asistieran, pero como sólo era una tormenta tropical lo que se había anunciado no pensé que era tan grave como para dejar de ir a trabajar.
Al medio día se presentaron unos vecinos pidiéndome que los dejara entrar al local para usarlo como refugio. Ellos fueron los primeros que me contaron sobre las inundaciones y me pareció que estaban exagerando, pero después les dije que los dejaría entrar si dejaban afuera los trastes. Hace dos años, mientras nos preparábamos para un ciclón, la junta de la iglesia determinó que el local se usaría como refugio sólo con esta condición, evitando así que los damnificados invadieran el lugar con todas sus cosas y después no quisieran salir. Luego comenzaron a llegar más y más personas en la misma situación. Algunos que amenazaban entrar por la fuerza con todas sus cosas armaron una trifulca. Yo pensé en varias cosas: primero, en que no había espacio para todos, y después, en que ni la junta de la iglesia ni el pastor me habían autorizado a dejar entrar la gente y en la noche había culto. También pensé que por lo violento que estaban algunos, si no cerraba la puerta con candado entrarían por la fuerza y destruirían los equipos de la iglesia (amplificadores, bocinas) y los del centro comunitario (computadoras) que hacía poco habíamos inaugurado. Solamente atiné a cerrar el local y salir corriendo para que no me atacaran.
Circunstancias atenuantes y contexto
Aunque la intención de la iglesia y la de Nicolás había sido siempre la de ayudar (por eso crearon el centro comunitario y pusieron el local anteriormente a la disposición de los vecinos como refugio temporal), una serie de circunstancias se unieron para que sucediera todo lo contrario. Detallo sólo algunas a continuación:
- Al no ser el fenómeno natural un ciclón o un huracán, sino sólo una tormenta tropical, algo no tan alarmante (aunque por el tiempo que duraron las lluvias fue más dañina que cualquiera de los anteriores), nadie tomó las medidas necesarias para dar una rápida respuesta ante cualquier eventualidad. La semana pasada el país vivió dos realidades: por un lado mucha lluvia y falta de energía eléctrica, pero relativa tranquilidad. Esto para los más afortunados. Y por el otro, agua hasta el cuello, tragedia y desesperación. Esto para los menos afortunados. Los medios de comunicación comenzaron entonces a alertar a la ciudadanía, pero como muchos no tenían energía eléctrica la información no fluyó a tiempo.
- Nicolás tenía la llave, pero no la capacidad de decidir. Como no tenía la autorización para dejar entrar a nadie hizo lo que estaba a su alcance: decidir en base a la experiencia pasada, dejando entrar solamente a las personas, sin sus muebles ni sus trastes. Pero al ver que esto tampoco solucionaría el problema, por la cantidad de personas que pedían refugio, y al ver que la multitud inquieta empezaba a ponerse violenta, sintió temor y salió corriendo.
- También había un nuevo elemento que no estaba presente en la situación anterior (cuando sí se pudo proveer el desastre y se acordó usar el local como refugio). Ya no sólo era un local, sino que allí dentro habían ahora muchos objetos de valor (equipos de sonido, computadoras) que corrían peligro y de los cuales Nicolás era el responsable.
De ningún modo estas tres razones pueden ser utilizadas como excusas para no ayudar. El cuidado de la vida, irrecuperable don de Dios, siempre debe estar por encima del cuidado de los bienes materiales, asuntos de segunda importancia. Pero si sirven para hacernos ver qué complejas pueden ser las situaciones que llegamos a enfrentar, que la causa y el efecto no siempre están cerca en el tiempo y el espacio, y que por ello, muchas veces al intentar ayudar sólo se logra empeorar la situación. Quizás la inauguración del centro comunitario (un servicio de la iglesia para los vecinos) a principios de año fue lo que provocó que once meses después los mismos beneficiarios se quedaran en la calle ante una catástrofe natural como ésta.
Por otro lado, el contexto en que ocurrió (un fenómeno natural no muy alarmante y poco flujo de la información; yo mismo me presenté a trabajar el lunes sin ningún problema y el sábado pasado estuve bajo mucha lluvia, pero sin ningún temor, en una de las comunidades más afectadas) permitió que a todos nos tomara de sorpresa. Ni Juan, que de un momento a otro se encontró con el agua hasta la cintura, ni Nicolás, que fue a trabajar como si fuera un día normal, ni ninguno de nosotros, estabamos preparados. Por último, si ni siquiera las autoridades de nuestro país estaban preparadas para una tormenta como ésta, en gran parte por nuestra cultura de improvisación, sería mucho pedir que lo estuviera aquella pequeña iglesia.













Muy oportuno el tema. No deberia la iglesia tener un plan de contingencia ante situaciones de este tipo, las cuales sabemos que van a seguir ocurriendo?
Dunker ― Sería muy sabio que nuestras congregaciones tomaran siempre este tipo de precauciones, pero tomando en cuenta que el entorno (país) nos juega en contra, lo considero una labor titánica. Saludos, gusto en verle.
Gracias por presentar el tema, aparte de mí entiendo que mas personas pueden sertirse identificados con el caso.
Como bien dices, la falta de real planificación está presente en mi casa, mi iglesia y mi pais.
Muy triste el caso, pero pienso que si una iglesia tiene computadores tambien debe tener telefonos, por lo cual el hermano Juan debería haberlo usado. sino haber ido personalmente donde el pastor para poder ayudar, ya que era una situación apremiante, espero que sea justo lo que pienso, porque la vida es más importante que lo material. Que Dios los bendiga.
Ricardo ― Dudo mucho que el problema se hubiera resuelto con llamar al pastor… De todos modos, la intención no es identificar al culpable, creo que la responsabilidad de problemas complejos como estos recae en todas las partes.
Es verdad, es realmente una situacion compleja si se ve en el tiempo y espacio de lo ocurrido… ahora tiempo despues podemos ver la situacion de una manera diferente se puede apreciar el panorama completo. Pero todo se resume en preparacion. Estoy deacuerdo con algunos de nuestros hermanos nadie tiene la culpa solo fue la situacion, sin embargo creo que en un caso de vida o muerte lo material es lo ultimo en lo que se debe pensar…
Si a esto le agregamos que generalmente el hno. que cuida la iglesia es aquel hermano que tiene un exelente don de Servicio pero que generalmente no tiene la capacidad de actuar, decidir, gestionar rapidamente, buscar solucuiones, entonces veremos que no es tan facil.
Deja tu comentario!
o a nuestro RSS →
Durante años he predicado sobre la importancia de hacer cosas para Dios (ministerio, misión) y tener una visión; en resumen, he hablado mucho de «hacer» y ahora tengo más urgencia por hablar de «ser». Me he dado cuenta de que hablar de visión obviando el carácter es sumamente peligroso, tanto como una bomba de tiempo, una construcción mal sustentada o una olla de presión.
Es muy cierto que no todo el mundo tiene la capacidad de moverse de una realidad socioeconómica a la otra, pues hacerlo requiere primero tener las oportunidades necesarias y luego pagar un alto precio en carácter y sacrificio, y cierto también es, que aquellos que lo pagan con frecuencia son perseguidos por quienes se quedan rezagados.
Aquellos que poseen mucho conocimiento (ya sea porque se sacrificaron para adquirirlo o porque tienen una mente privilegiada) a menudo no son los más aventajados. Esto sucede porque se obvian otros dos puntos de apalancamiento (aparte del conocimiento) de igual o quizás hasta mayor poder e importancia: la experiencia y las relaciones.
Este método lo he puesto en práctica (con mayor y menor rigor y relativo éxito) para determinar la viabilidad de proyectos tan variados como la escritura de artículos, distribución de materiales, preparación de enseñanzas y conferencias e iniciativas de discipulado dentro de mi iglesia local. Al ser sumamente genérico estoy seguro de que sería extrapolable a otras áreas.
Últimos comentarios
Conversemos!