Ayer domingo estuve enseñando 7 principios prácticos sobre el discipulado en la Iglesia Misión Bíblica. Pasé un buen tiempo investigando (leyendo, meditando, reuniendo ideas) sobre el discipulado y afinando los puntos a compartir, hacía mucho que no disfrutaba tanto mientras me preparaba para predicar. Por esto, al momento de darle forma al esqueleto, tuve que trabajar contra el tiempo. Creo que quedó un poco extenso, pero no quise cortarle nada y así lo presenté.
Descargar la presentación (7 Principios prácticos sobre el discipulado) en formato PDF.
Esta es una de las últimas enseñanzas que deseaba compartir este año, por lo que con ella voy cerrando. La forma en que estoy trabajando últimamente es la siguiente: preparo durante un buen tiempo unas pocas enseñanzas al año para luego compartirlas una y otra vez en diferentes congregaciones. Solo preparo contenido nuevo cuando me lo solicitan directamente o cuando ya enseñé en un lugar todo lo que tenía; estas nuevas enseñanzas también las guardo para luego aumentarlas o repetirlas. Grabo todo lo que enseño, luego lo escucho, aumento el material y lo afino aún más en cada ocasión ―los últimos se llevan la mejor parte―. Con este sistema he conseguido aumentar la calidad del material (sustancia) así como la del delivery (presentación, comunicación). Anoto cada iglesia junto con el tema para no repetirme). Este fue uno de los puntos:
Desde lejos, puedes impresionaruna persona, si te aproximas un poco la podrás impactar, pero solo cuando la tengas muy cerca la podrás transformar.
Había pensando organizar una conferencia en diciembre con uno de los temas del año (el que más haya compartido y afinado), pero no sé si me de el tiempo. Si la conferencia no se da, entonces utilizaré diciembre para preparar un nuevo e-book sobre este tema para distribuirlo a principios del 2008, tal como hice en el 2007.
Etiquetas: AprendizajeComunicaciónDiscípulosDiscipuladoEntrenamientoIglecrecimientoMadurez espiritualPedro
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.