Este fin de semana estuve leyendo Psicología del hombre caído, el último libro del Dr. José Rafael Dunker, un psiquiatra amigo, reconocido líder cristiano y a quien le atribuyo el calificativo de «sabio». (Me lo regaló el sábado y no pude dejarlo de leer hasta haberlo terminado.) Es realmente una joya, y lamento mucho que no esté todavía en librerías internacionales para así poderlo recomendar a todos los lectores de este espacio. Dunker hace un gran esfuerzo al integrar las principales escuelas de psicología (psicoanálisis, conductismo, y las psicologías existenciales) junto a las nuevas tendencias, como son el modelo sistémico familiar, el PNL y el acercamiento de Alcohólicos Anónimos, en un gran Framework con las herramientas para tratar las distintas maneras de enfermar. Pero lo más interesante es lo siguiente: así como Freud partió de la mitología griega (complejo de Edipo), la psicología del hombre caído toma las antiguas crónicas de Moisés, herencia de las tres grandes religiones (judaísmo, cristianismo e islamismo) como punto de partida.
Aunque para disfrutar cabalmente el libro sería muy útil una buena base de conocimientos en el área de la psicología ―algo que yo no tengo―, les aseguro que el material puede ser disfrutado también por un público general. Me sorprendió gratamente la posición de Dunker con respecto al acceso a la información médica por parte del paciente y todo el interesado, a diferencia de otros profesionales, que satanizan los nuevos medios diciendo que sólo fomentan la automedicación y con ello agravan el daño, él anima a los pacientes a buscar información sobre su situación tanto Internet como en la literatura de divulgación para complementar la práctica profesional.
Como el objetivo de la obra es hacer frente a la dispersión existente en cuanto al diagnostico de los trastornos mentales, integrando lo mejor de cada escuela en un marco más manejable ―el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales en su cuarta edición, DSM-IV, incluye 297 diagnósticos―, Dunker propone cinco modos de enfermar (ansiedad, dependencia, delirio, depresión y somatización) y un marco tridimensional basado en tres sentimientos primarios extraídos del Edén ―de ahí la psicología del hombre caído― (vergüenza, miedo y culpa) junto tres estrategias para enfrentar los problemas mentales que de ellos se desprenden: terapia afirmativa para la depresión, terapia de acercamiento para los hábitos perjudiciales y terapia de afirmación de fronteras para la esquizofrenia.
Una mención especial merece la nueva definición de autoestima que esta obra propone, la cual precisa un poco aquella tradicional escala subjetiva de alta o baja para traer otra más cercana a la condición original del ser humano: «Y estaban ambos desnudos, Adan y su mujer, y no se avergonzaban». La posición de Dunker es que Moisés no encontró una palabra que definiera la experiencia especial del hombre creado y por eso explicó su situación expresando lo que no sentía, vergüenza, y que esto hace sentido con investigaciones recientes que expresan la vergüenza como la cara opuesta de la autoestima. Es decir, que Adán y Eva fueron creados con una autoestima positiva. La definición de autoestima propuesta es la siguiente:
Autoestima es: un sentido de satisfacción con un rol positivo que a uno le toca jugar en la vida.
Creo que la siguiente cita, tomada del segundo capítulo de la obra (la esencia de lo humano) demuestra el sentido de la psicología del hombre caído:
El educador, el consejero, el terapeuta y todo el que trabaja por el bienestar de la gente, no deben perder de vista ese objetivo fundamental de su intervención: el logo de la recuperación de la dignidad y autonomía originales del ser humano.
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En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.