Ayer en la tarde regresé de Maimón Bonao, un pueblo de la República Dominicana ubicado al noroeste de Santo Domingo. Estuve allí predicando en un campamento organizado por la Asociación Dominicana de Estudiantes Evangélicos (ADEE). Todo el fin de semana estuvo lloviendo sin parar y hoy amanecimos con la noticia totalmente inesperada de la tormenta Noel que ha afectado todo el país, especialmente la zona de Bonao. Como el fenómeno natural nos tomó desprevenidos, nos ha hecho mucho daño. Muchos lugares están totalmente incomunicados por los puentes y carreteras que han sido destruidas, inundaciones por todos lados, poblados completos desaparecidos y pocos centros de refugio. Pero sobre todo, mucha confusión. Oren por mi país.
Denle seguimiento a la cobertura directa que está haciendo Joan Guerrero desde Duarte101.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.