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El principio de la contundencia

Rafael Pérez Liderazgo, Reflexiones, Selecciones 1,830 Lecturas

PiedrasEstuve enseñando ayer en el Círculo Vida Abundante, una nueva iglesia que está sembrando en Santo Domingo un sabio amigo, el Dr. José Rafael Dunker. Compartí con ellos el principio de la contundencia que aprendí de la batalla entre David y Goliat. Mientras lo preparaban para el enfrentamiento, a David le pusieron la armadura del rey Saúl, quien era tan grande que los demás apenas le llegaban al hombro. La armadura era muy pesada para David, que era ágil pero pequeño como las piedras del río. Con todo ese peso encima no podía ni caminar.

Luego Saúl vistió a David con su uniforme de campaña. Le entregó también un casco de bronce y le puso una coraza. David se ciñó la espada sobre la armadura e intentó caminar, pero no pudo porque no estaba acostumbrado. —No puedo andar con todo esto —le dijo a Saúl—; no estoy entrenado para ello. De modo que se quitó todo aquello. (1 Samuel 17:38,39)

Ser un gigante o ser contundente

Muchas personas, mientras se preparan para hacer algo, se cargan con tantas cosas (por asuntos de seguridad, principalmente) que se vuelven pesadas e ineficientes. Y si lo que queremos es llegar lejos tenemos que tratar de ser ligeros. David se quitó la armadura ―en ocasiones esas armaduras se convierten más en un estorbo que en una ventaja― fue al río y seleccionó cinco piedras. Él sabía que para ser exitoso en su labor no necesitaba ser muy grande o estar muy protegido por una cubierta de metal, sino ser contundente. Al parecer su intención no era pelear por mucho tiempo con el gigante, sino, resolver el asunto de forma rápida para volver pronto al campo a cuidar de sus ovejas. (Recordemos que él no era un guerrero, sino un pastor que quería implementar contra un gigante su técnica de combate para osos y leones.)

A mí me toca cuidar el rebaño de mi padre. Cuando un león o un oso viene y se lleva una oveja del rebaño, yo lo persigo y lo golpeo hasta que suelta la presa. Y si el animal me ataca, lo sigo golpeando hasta matarlo. Si este siervo de Su Majestad ha matado leones y osos, lo mismo puede hacer con ese filisteo pagano, porque está desafiando al ejército del Dios viviente.
(1 Samuel 17:34,36)

Goliat se movía con mucho ruido y parafernalia: un discurso burlón, un casco de bronce, coraza de cincuenta y cinco kilos, cubre piernas, jabalina y una enorme espada cuya punta de hierro solamente pesaba casi siete kilos adicionales, era lento y fuerte como camión de carga. David, por el contrarío, sólo portaba aquellas cinco piedras que recogió en el río, un bastón y una honda para lanzarlas.

Tomó su bastón, fue al río a escoger cinco piedras lisas, y las metió en su bolsa de pastor. Luego, honda en mano, se acercó al filisteo.
(1 Samuel 17:40)

No todas las piedras son iguales

El hecho de que David fuera a buscar las piedras precisamente en el río no es casual. Él sabía que para que su lanzamiento alcanzara la mayor velocidad posible aquellas eran las mejores piedras. Al estar chocando constantemente entre ellas, por la corriente del río, se van puliendo y refinando hasta llegar a ser bien aerodinámicas (rompen bien el viento y no pierden la dirección). Esas piedras son pequeñas y compactas, nada les sobra ni nada les falta. Aunque David buscó cinco, con una sola de ellas fue suficiente para derribar a Goliat, la misma alcanzó la velocidad necesaria e impactó en el lugar indicado. Precisamente, estos los elementos que componen el principio de la contundencia: velocidad y ubicación.

Cuando alguien es contundente no le hace mucho ruido ni lleva mucha parafernalia, pero al hacer una cosa la hace bien. Es rápido (velocidad) y preciso (ubicación), sin embargo, otros tienen fuertes armaduras y mucha fuerza bruta, pero se mueven lento. Para llegar lejos necesitamos ser como las piedras del río (pequeñas y movibles) para que Dios pueda lanzarnos a una velocidad tal que sea contundente. Tenemos que dejarnos quitar de encima todo lo que nos sobra para romper bien el viento y no perder la dirección.

Hacer poco, pero bien

David se preparó para fallar unas cuantas veces, por eso tomó cinco piedras, pero su lanzamiento fue tan rápido y preciso que pudo ahorrarse cuatro. En los últimos tiempos he tratado de ahorrarme cada vez más piedras, haciendo menos y consiguiendo más. Me he dado cuenta que para llegar lejos no hay que hacer muchos lanzamientos ―pues el brazo se va cansando―, sino tener precisión y velocidad: lo primero me dirige, lo segundo me mueve.

Hay personas que siempre están cansadas y frustradas, lanzan y lanzan y al final no llegan muy lejos. Pero es que no se detienen a pensar en la mejor manera de hacer algo. En todo sistema hay un punto de apalancamiento, un lugar donde con poco esfuerzo se logra un alto impacto. El punto de apalancamiento que encontró David en este gigante estaba entre ceja y ceja, le pegó en la frente y lo derrumbó.

Metiendo la mano en su bolsa sacó una piedra, y con la honda se la lanzó al filisteo, hiriéndolo en la frente. Con la piedra incrustada entre ceja y ceja, el filisteo cayó de bruces al suelo. (1 Samuel 17:49)

Tu trabajo habla por ti.

En una sociedad como la nuestra, que idolatra el trabajo, aquellos que hacemos poco, aunque logremos más, somos atacados; ¡pero sólo inicialmente! Como no hacemos mucho espaviento ni llevamos mucho encima, la gente sólo llega a creer en nosotros cuando salimos, no cuando llegamos. Sólo aquellos que no saben hacer algo usan más la boca que las manos, y sólo aquellos que no saben hacer algo de la mejor manera posible usan más las manos que la mente. El pueblo estaba lejos y cuando David lanzó la piedra muy pocos lo vieron, pero cuando Goliat cayó en tierra todo el pueblo lo vio. ¡Eso es ser contundente! Cuando eres contundente no tienes que hacer mucho ruido, tu trabajo habla por ti.

Pablo fue contundente

A diferencia de muchos predicadores contemporáneos, Pablo andaba ligero de equipaje. Él era pequeño, cargaba pocas cosas, pero por donde quiera que iba dejaba el rastro. Tenía pocas cosas, y por eso era compacto, movible, rápido y barato. En gran medida, Pablo logró tanto en tan poco tiempo porque el costo de su ministerio era ridículamente bajo. Así mismo son las piedras del río: asequibles y fáciles de lanzar. Muchos ministerios se hacen tan grandes y pesados que se vuelven difíciles de mover y utilizar. Pablo se movía de un lugar a otro de Asia Menor como una pedrada y su sentido de ubicación (hacia los gentiles) le mantenía sumamente enfocado. Ese era su secreto: ser muy movible y estar el tiempo justo en el lugar correcto.

El maestro fue contundente

Algo que me maravilla de Jesús es su sentido de ubicación (en cuanto al tiempo, en cuanto al espacio y en cuanto a las personas). Expresiones como «todavía no ha llegado mi hora», «es necesario que esto acontezca» o «tengo que ir aquí o allá» eran muy comunes en Éll. El ministerio de Jesús no era reconocido por lo grande que era su equipo, sino, por el tamaño de su fruto. Eran sólo doce, pero alimentaban multitudes de hasta 5,000. La proporción entre el staff del maestro y su seguimiento era aproximadamente de 1:416. Cuando se movía, no era por el tamaño de su corte que la gente lo identificaba.

Cuando somos contundentes lo que habla por nosotros no es nuestro tamaño, sino, el impacto de lo que logramos. Por sus frutos ―y no por sus hojas― los conoceréis. El equipo de Jesús era tan pequeño y ligero que cabía en una humilde embarcación de pescador, pero tan contundente que su impacto se sigue sintiendo hasta el día de hoy. Aquí está la clave para lograr lo mismo: la ligereza nos da velocidad y la ubicación nos ayuda a estar en el lugar indicado en el momento preciso.

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Rafael PérezRafael Pérez (Pastor)
Conoció al Señor en el Templo Evangélico de la 19 de Marzo (1989) —Azua—, sirvió durante diez años en la Iglesia de Lucerna (Asambleas de Dios) y como maestro en varias congregaciones de Santo Domingo. También ha trabajado para el Departamento de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). En Abril del 2008 comenzó junto a su familia y un grupo de amigos la Comunidad Cristiana PezMundial. Rafael es Administrador de Empresas y vive en Santo Domingo (República Dominicana) junto a su esposa Carolina.

Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com



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