Uno de los documentos históricos que más he estudiado es la carta desde la prisión de Birmingham. Allí, El Dr. Martin Luther King, ministro cristiano y activista Movimiento por los Derechos Civiles ―y uno de mis líderes más admirados―, describe las cuatro faces de toda campaña no violenta: (1) reunión de todos los datos necesarios para determinar que existen las justificaciones, (2) negociación, (3) purificación y (4) acción directa. Existe todo un entramado de relaciones que se tejieron para dar origen a esta carta, lo que he encontrado, es algo como esto: Henry David Thoreau, una filósofo anarquista, sentó las bases para la revolución pacifica en su ensayo sobre la Desobediencia Civil, este ensayo influyó a Gandhi y Gandhi ―quien lo llevó a la práctica para luchar contra el dominio de los británicos sobre la India― influyó en Martin Luther King. León Tolstói, un cristiano libertario, también influyó en Gandhi y por consecuencia, también en King, quien llegó a decir:
De mi formación cristiana he obtenido mis ideales y de Gandhi la técnica de la acción.
Se puede sacar mucho de aquella carta, a continuación comparto cuatro lecciones que yo he tomado de ella, junto a las respectivas citas de Martin Luther King:
Para que un proyecto avance, es necesario invertir más tiempo en construir que en responder, con esto evitamos convertirnos en reaccionarios o perder el enfoque.
Son pocas las veces en que me detengo a contestar a las críticas formuladas contra mi trabajo e ideas. Si tratase de contestar a todas las críticas que pasan por mi mesa de trabajo, mis secretarios tendrían poco tiempo disponible para cualquier otra cosa en el curso del día, y a mí no me quedaría ni un instante para realizar una tarea constructiva.
De algún modo, todos estamos conectados, y lo que afecta a una parte afecta al todo, esto se aplica tanto para la iglesia como para la nación y el mundo. (Este concepto lo desarrolle en la conferencia Generando el cambio utilizando Jeremías 29:5-7.)
No puedo permanecer con los brazos cruzados en Atlanta sin sentirme afectado por lo que en Birmingham acontece. La injusticia, en cualquier parte que se cometa, constituye una amenaza para la justicia en todas partes. Nos encontramos cogidos dentro de las ineludibles redes de la reciprocidad, uncidos al mismo carro del destino.
Para solucionar un problema social no es suficiente atacar los síntomas (solución sintomática), el acercamiento más fructífero era trabajar sobre las estructuras subyacentes que los generaron (solución sistémica).
Deploráis las manifestaciones que ahora tienen lugar en Birmingham. Pero vuestra declaración, siento decirlo, hace caso omiso de las condiciones que dieron lugar a estas manifestaciones. Estoy seguro de que ninguno de vosotros quiere limitarse a esa clase de análisis social superficial que no se ocupa más que de los efectos, sin detenerse a aprehender las causas subyacentes. Es una pena que las manifestaciones tengan lugar en Birmingham, pero es todavía más lamentable que la estructura del poder blanco de la ciudad no dejase a la comunidad negra otra salida que ésta.
Antes de emprender cualquier proyecto, es necesario pasar por un proceso de purificación, donde evaluamos nuestras verdaderas motivaciones. Para King, este era el tercer paso de toda campaña no violenta: la autopurificación. He llegado a valorar este paso como si fuera oro e intento aplicarlo en la toma de decisiones. Funciona de la siguiente manera: cuando alguna injusticia nos llena de ira (en el buen sentido del término) nuestro impulso natural es pasar inmediatamente a la acción, pero si nos obligamos a permanecer en un estado reflexivo mientras verificamos que tan ajustada a la verdad está nuestra pasión, sólo aquellos proyectos que de verdad valen la pena llegan a ser concretados. Muchos proyectos lamentables nunca se hubieran concretado a no ser por la inmediatez de una pasión.
A sabiendas de las dificultades existentes, decidimos emprender un proceso de autopurificación. Dimos comienzo a la creación de toda una serie de seminarios para aleccionar sobre la no violencia, y nos preguntamos reiteradas veces: ¿sabrás aceptar los golpes sin devolverlos? ¿Sabrás prevalecer en la prueba del encarcelamiento?
Estas son sólo algunas de las lecciones que se pueden tomar de aquella carta, hay muchas otras tan valiosas como estas. Espero luego compartir otras tantas.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.