Mucho se escucha hablar en las iglesias y demás organizaciones sociales sobre colaboración y trabajo en equipo, pero del dicho al hecho hay mucho trecho, realmente es difícil dejarse ayudar. En lo personal, me confieso un llanero solitario. Me he acostumbrado a trabajar en forma muy independiente y aunque siempre he tenido gente alrededor dispuesta a ayudarme, los demás casi tienen arrebatarme las cosas de las manos para que me desprenda. He descubierto que esta actitud no es más que vanidad presentada en forma de autosuficiencia y perfeccionismo: cuesta mucho entender que somos la persona menos indicada para casi todas las cosas y que los otros pueden hacerlo mejor que nosotros.
Estoy tratando de cambiar. En gran medida, lo que me motivó a emprender PezMundial fue precisamente esto: concentrarme en hacer las cosas para las que soy más apto y permitir que otros también se integren a servir según sus dones en los proyectos donde estoy participando. Hay multitud de gente a mi alrededor que está buscando oportunidades de servicio, y a menos que yo no deje de hacer unas cuantas cosas, no quedará espacio disponible para ellos. Por otro lado, estoy seguro de que ellos pueden hacerlo mejor.
Etiquetas: Proyectos
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.