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Iglesia y calidad de vida

Rafael Pérez 10 July 2007 : 12:04 pm 551 Lecturas

El domingo pasado estuve compartiendo con los hermanos de la Iglesia Metodista Nacional, en Santo Domingo. Les hablé de algunas maneras en que la iglesia puede mejorar la calidad de vida de la gente. El punto es que Cristo no solo trajo salvación para el alma, sino que se preocupó por el ser humano de forma integral. Recuerdo ahora esta cita del padre Christopher Hartley en una entrevista para el diario El Mundo:

Es bueno recordar que las almas solas son fantasmas y que los cuerpos solos son cadáveres. La tarea explícita de celebrar los sacramentos es la más importante porque afecta al destino eterno de una persona. Sin embargo, el cuerpo es sacramento del alma. El único acceso que tenemos a la interioridad de una persona es a través de su expresividad corporal.

Creo cada vez más firmemente que la iglesia es la institución que más puede lograr por mejorar la calidad de vida de la gente, pues a diferencia de las ONGs u organizaciones de beneficencia, que pueden ayudarles a vivir de forma digna por 30 o 40 años, nosotros podemos ayudarles hoy y también mañana.

La iglesia tradicionalmente ha mejorado la calidad de vida de la gente, pero si se dispone a hacerlo concientemente, creo que se podría lograr mucho más. Lo hace, dándoles a sus miembros lo siguiente:

  • Identidad y pertenencia. El ser humano necesita identificarse y sentirse parte de algo, pero no todo el mundo puede disfrutar de este beneficio. Algunas instituciones sociales —clubes, movimientos, asociaciones—han ayudado a mejorar esta condición, pero lo que ellos ofrecen no es en nada comparable que el sentido de hermandad y pertenencia que se puede alcanzar al pertenecer a una comunidad cristiana.
  • Espacio de expresión. El ser humano tiene la necesidad de expresarse, pero no siempre dispone de los medios para hacerlo. La iglesia es un espacio de expresión donde las personas pueden comunicar abiertamente sus ideas, ser escuchadas y tomadas en cuenta. Personas que nunca en su vida han sido tomadas en cuenta, aquí pueden alzar su voz y ser tomadas en cuenta.
  • Sentido de responsabilidad y liderazgo. He visitando congregaciones donde hay diez miembros y casi 20 comités. Esto me parecía un absurdo, un contrasentido, pero he llegado a entender que el ser humano necesita de éstas. Personas que nunca en su vida habían tenido la oportunidad de dirigir, al llegar a la iglesia pueden llegar a ser diáconos, presidentes de alguna directiva o hasta vocal, y eso eleva su dignidad. ¿En que otra organización social alguien sin meritos académicos o económicos podría llegar a ocupar algún cargo?
  • Desarrollo cultural. La cultura, en cualquiera de sus manifestaciones, cuesta. Cuando las iglesias pentecostales comenzaron a crecer en los barrios pobres de República Dominicana despertaron mucho interés, pues personas que nunca en su vida habían podido pagar para escuchar una banda en vivo podían disfrutarla varios días a la semana. Pero no solo en la música, sino también en la oratoria, y en la educación en general. Un cristiano de barrio tiene más cultura general que cualquiera de sus vecinos.
  • Sentido de utilidad. El ser humano necesita también sentirse útil, saber que su trabajo puede impactar positivamente la vida de otros. Como en la iglesia todos los miembros tienen un ministerio, un llamado, todos sentimos que podemos aportar a nuestra comunidad.
  • Importancia. En el mundo hay millones de personas que sienten que su vida carece de valor. En una iglesia, todos los miembros son importantes. Cuando alguno se enferma sus hermanos le visitan y cuando no estamos en la reunión, hacemos falta y se preocupan por nosotros. He encontrado que los familiares de algunos hermanos se quedan sorprendidos cuando la iglesia va a su casa a visitarles, pues se dan cuenta que para nosotros, que somos su familia espiritual, su vida es quizás hasta más valiosa que para su familia natural.
  • Reconocimiento. La palabra bendecir significa precisamente eso, decir buenas cosas sobre las personas. Gente que nunca antes había recibido elogios o buenos comentarios, al llegar a ser parte de la iglesia es bendecida.
  • Buenas expectativas. Fuera de la iglesia, regularmente siempre espera lo peor de las personas. Las palabras tienen un gran poder sobre nosotros, y es muy posible que terminemos siendo lo que nos digan que somos. Muchas veces esas malas expectativas se reflejan en apodos despectivos y desmoralizadores. En la iglesia, por el contrario, ellos encuentran gente que de verdad cree en ellos, que le da un voto de confianza, que tiene buenas expectativas.