El domingo pasado estuve compartiendo con los hermanos de la Iglesia Metodista Nacional, en Santo Domingo. Les hablé de algunas maneras en que la iglesia puede mejorar la calidad de vida de la gente. El punto es que Cristo no solo trajo salvación para el alma, sino que se preocupó por el ser humano de forma integral. Recuerdo ahora esta cita del padre Christopher Hartley en una entrevista para el diario El Mundo:
Es bueno recordar que las almas solas son fantasmas y que los cuerpos solos son cadáveres. La tarea explícita de celebrar los sacramentos es la más importante porque afecta al destino eterno de una persona. Sin embargo, el cuerpo es sacramento del alma. El único acceso que tenemos a la interioridad de una persona es a través de su expresividad corporal.
Creo cada vez más firmemente que la iglesia es la institución que más puede lograr por mejorar la calidad de vida de la gente, pues a diferencia de las ONGs u organizaciones de beneficencia, que pueden ayudarles a vivir de forma digna por 30 o 40 años, nosotros podemos ayudarles hoy y también mañana.
La iglesia tradicionalmente ha mejorado la calidad de vida de la gente, pero si se dispone a hacerlo concientemente, creo que se podría lograr mucho más. Lo hace, dándoles a sus miembros lo siguiente:
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.