Ayer estuve participando en un estudio bíblico bastante interesante, estudiaban el libro de Génesis. Mientras leíamos sobre Abram y sus primeras experiencias con Dios, pensaba en la dificultad que tienen algunos para entender asuntos como la esclavitud o la poligamia en hombres como el padre de la fe. También les es difícil asimilar los hechos sangrientos que narran las escrituras, donde pueblos enteros son destruidos por orden de Dios y la violencia es lo más común.
Lo que sucede es lo siguiente: en miles de años de historia el hombre ha alcanzado ideales de paz y derechos humanos muy elevados. Es injusto leer la historia de pueblos nómadas peleándose entre ellos y esperar que resuelvan sus problemas de forma civilizada como si existiera la ONU. Por otro lado, la revelación de Dios al hombre ha venido de forma progresiva hasta resplandecer con claridad meridiana por medio de Cristo. Lo que conocía Abram del plan de Dios para la humanidad no era tan claro o preciso como lo que conoció Moisés; ni lo que conoció Moisés fue tan claro como lo que conoció Pablo.
Algunos han propuesto que la Biblia tenga un cintillo donde se advierta, como en las películas, sobre contenidos violentos, cosa que de entrada no suena tan descabellada. Pero si eso fuera necesario, todos deberíamos esperar hasta la mayoría de edad antes de abrir cualquier libro de historia. Esta realidad no hace de la Biblia un libro peligroso, sino, que confirma su validez histórica. Lo sorprendente es, que estos conservadores que proponen colgarles cintillos a las escrituras para esconder la crudeza de las batallas, se manifiestan de forma muy liberal ante muchas otras cosas.
Es sumamente injusto aquello de mutilar la historia y suponer que el presente es solo un asunto fortuito o del destino. La paz no es una casualidad, sino el fruto de la obra de Dios en el mundo a través de miles de años. Él comenzó donde estábamos nosotros y nos trajo hasta aquí.