Caminé casi 5 kilómetros buscando un lugar tranquilo en donde sentarme a escribir las ideas para este artículo. Estoy de vacaciones —esta semana cumplí 4 años en la empresa— y salí de mi casa para refrescar la vista. Al final, terminé en un Burger King, escribiendo frente a un Whopper, una ración de papas fritas y Coca-Coca. No imagino un lugar más apropiado que este para meditar sobre el tema que me ocupa en este momento: el mejor indicador para medir la pobreza.
Diré, a modo de introducción, que la pobreza es un tema subjetivo y relativo, pues pobre se puede ser en muchos sentidos (poco dinero, poco tiempo, poca salud, pocos amigos, poco espacio, poca satisfacción, poca esperanza) y un pobre en Suiza —al carecer de algunos de los anteriores— quizás sea rico en Haití. Por lo tanto, habría que tomar en cuenta no solo la cantidad de recursos disponibles, sino también el entorno.
Pero lo que más me interesa explicar es la razón por la cual se utiliza comúnmente el dinero, con afirmaciones como «cuatro mil millones de personas viven con menos de 2 dólares al día» para medir la pobreza. Aunque es cierto que el dinero no asegura la felicidad, también lo que es que muchas de las cosas que podrían darla se adquieren con dinero. Alguien podría ser infeliz al no poder disponer de dinero para comprar comida con la cual alimentar a su familia, comprar libros, salir fuera de su entorno por medio de un viaje o acceder a los servicios de salud; y alguien, con todas estas necesidades cubiertas, también podría serlo. Es necesario que se comprenda que el dinero no es un fin en sí mismo, sino una mercancía representativa con valor universal. Nadie puede ser alimentado con papel moneda o recibir salud al frotarse un billete por el cuerpo, pero la disponibilidad del recurso económico puede significar la capacidad de intercambiar estos por bienes y servicios que sí tienen significado y valor: salud, alimentación, tiempo.
Menciono el tiempo porque la abundancia de este es uno de mis indicadores favoritos, junto a la esperanza y los amigos, para estimar la riqueza. No creo que un hombre sea rico por el hecho de poder comprarle un videojuego a sus hijos, pero puedo afirmar que vive en extrema pobreza si se ve obligado a trabajar, por dinero, tanto tiempo que no puede ir a casa a jugar con los suyos. Los pobres más grandes del mundo no son los que viven con menos de 2 dólares al día, sino aquellos que están obligados a gastar, de cada 24 horas, 8, 10 o 15 haciendo cosas que no estuvieran haciendo si pudieran disponer de más de 2 dólares.
Me parece que la mejor pregunta con relación a la riqueza no es cuantos Whoper’s podrías comprar con tu dinero —acabo de darle una mordida al mío—, sino, por cuanto tiempo podrías estar sentado en este lugar haciendo algo que de verdad te gusta hacer —escribir, en mi caso— sin tener necesidad de volver a trabajar para tener más dinero para tener más tiempo.