Todos vemos la realidad a través de una serie de filtros, unas imágenes mentales que adquirimos en su mayoría de nuestras familias o en el camino y que funcionan como líneas rectoras, condicionándonos para determinar lo bueno y lo malo; lo adecuado y lo incorrecto; lo apropiado y lo inapropiado; lo que hacemos o dejamos de hacer. Pero los cristianos tendemos a subestimar todo eso, el aspecto de la conducta, la formación familiar y las experiencias pasadas, creemos que por el simple hecho de poner a las personas en contacto con una nueva información serán transformadas.
Todos tenemos un conjunto de supuestos, y cuando vamos cambiando nuestras suposiciones por las afirmaciones de Dios, empieza a suceder la transformación. A continuación comparto algunos supuestos posibles:
Es imposible transformar el carácter de alguien por medio de una enseñanza de 45 minutos. Podemos moverle un poco o desafiarle a re-pensar sus supuestos, pero a menos que no se creen las condiciones adecuadas, se invierta el tiempo necesario y la persona esté conciente del cambio, no cambiará. Nuestros modelos mentales son sumamente elásticos: podemos estirarlos y moverlos de un lado al otro, pero a menos que se rompan, tarde o temprano volverán a su lugar original.
El cambio siempre es un asunto conciente y voluntario, las personas tienen primero que reconocer cuales son sus modelos mentales, luego saber que necesitan moverse y después, tomar la decisión personal y voluntaria de hacer el cambio. Discipular no se trata solamente de ofrecer información, sino de ayudar a las personas a reconocer esas imágenes, ofrecerles el pensamiento de Dios y acompañarles en el proceso.