He aquí una razón de peso —literalmente— por lo que es difícil para muchas personas hablar sobre dinero: son esclavas de él. Es totalmente inapropiado, y hasta peligroso, hablar sobre nuestro amo o señor. He leído decenas de libros sobre finanzas personales, negocios e iniciativa emprendedora. A la conclusión que he llegado sobre los principios e ideas que presentan es que para la mayoría de las personas son casi imposibles de experimentar, pues antes de aprender a administrar el dinero es necesario liberarse de su dominio. La administración es posterior a la liberación.
En el ambiente cristiano la riqueza, el dinero, los negocios y las inversiones son temas casi prohibidos, y lo peor del caso es que quienes se animan a hablar del asunto siguen una de dos tendencias lamentables: criticar a los ricos u ofrecer salidas mágicas para las crisis financieras: envía tu donativo a nuestro ministerio y recibirás un milagro económico. Eso es lo que ocurre cuando un tema tan importante se convierte en tabú, llegan los oportunistas que aprovechan el desconocimiento que produce el silencio y se aprovechan para manipular.
Si en iglesia no hablamos sobre el dinero, y no me estoy refiriendo precisamente a pedir el diezmo, sino a educar financieramente a nuestra gente, aparecerán los oportunistas que si lo harán; si el tema no se toca desde los púlpitos, en las reuniones cotidianas de la iglesia, se tocará en los programas de televisión, en medio de sus tele-maratones.
Pensando en que cuando no se es esclavo del dinero es más fácil administrarlo, aproveché que estuve de vacaciones la semana pasada para trabajar en un proyecto educativo sobre el tema. Sería un blog paralelo a este donde se tratarían temas exclusivamente sobre la gestión del tiempo, finanzas personales y manejo de proyectos, temas que de algún modo ya he venido tratando parcialmente en este espacio. Aunque el proyecto ya está listo, quisiera recibir la retroalimentación de mis lectores actuales: ¿Qué les parece? A quienes deseen darle un ojo antes del posible lanzamiento, puedo enviarles la dirección.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.