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El dinero en la iglesia

DineroLas expresiones más frecuentes que se pueden escuchar desde los púlpitos cristianos son las siguientes: den dinero para la obra de Dios e inviten a sus amigos a la iglesia. Casualmente, esas mismas son las áreas donde gran parte de los creyentes menos pueden aportar, pues las relaciones interpersonales no son su fuerte y el manejo del dinero mucho menos. He pensando que si en vez de solicitarlo mecánicamente domingo tras domingo e inyectar presión sobre las congregaciones, invirtiéramos la misma energía enseñándoles a nuestros hermanos cómo manejar el dinero y cómo hacer amigos, las cosas serían un poco distintas.

Sobre las relaciones interpersonales ya he escrito mucho, pero pienso que si predicáramos un poco más sobre el tema del dinero —no solo sobre dar el diezmo, sino sobre administrarlo correctamente— podríamos evitarnos unos cuantos maratones.

Es una realidad que en este reino tenemos muchos creyentes endeudados. Se puede especular mucho sobre las posibles causas, pero entre ellas están la falta de información, una visión prejuiciada sobre las riquezas y algo más complejo pero no menos posible: la falta de planificación que produce el escapismo, pues si Cristo está a la puerta puedo tomar prestado o rebosar las tarjetas de crédito sin tener con qué pagar. De todos modos este mundo dentro de poco va a ser destruido.

Decir que todos los creyentes están prejuiciados con relación al dinero no sería toda la verdad, pues este asunto, tal como una moneda o papeleta, tiene dos lados. Está el grupo de los que dicen que el dinero es malo, algo casi diabólico que deberíamos evitar a toda cosa, y el otro que dice que es muy bueno, todo un símbolo de bendición que deberíamos perseguir. Pero viéndolo en conjunto, pienso que los dos grupos no están enfrentados, sino que se complementan, pues el primero termina enviándole esa maldición a los segundos cuando estos se lo solicitan por televisión. Dicen que es malo, pero dan esperando recibir su maldición cuadriplicada.

Cierta vez escuché a un hermano decir que los creyentes no deberíamos ahorrar, pues será con el dinero que está guardado en los bancos que el anticristo construirá su imperio. Al parecer, la lógica detrás de este razonamiento es que deberíamos gastar todo lo que recibamos y si es posible un poco más, para debilitar económicamente al enemigo. Así tendremos las cosas un poco más fáciles en la batalla final. De todo se escucha en nuestras iglesias y de la literatura apocalíptica nos mudamos sin mucha dificultad a la macroeconomía de los sucesos futuros.

Podemos hacer una de las siguientes tres cosas con el dinero:

  1. Satanizarlo, diciendo que no lo queremos, aunque esta no sea toda la verdad.
  2. Adorarlo como un dios y dedicar toda nuestra vida a perseguirlo, acaparando más y más.
  3. Aprender a administrarlo correctamente, sabiendo que todo lo que tenemos le pertenece a Dios y se nos pedirá cuenta en el cielo por el uso que le demos aquí en la tierra.

El dinero, la lengua, los ojos y las manos son todos recursos muy poderosos y por ello también altamente peligrosos. Mal administrados pueden traer destrucción y ruina, pero si se administran adecuadamente, pueden ser de mucha edificación, para el creyente y para toda la iglesia.

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Rafael PérezRafael Pérez (Pastor)
Conoció al Señor en el Templo Evangélico de la 19 de Marzo (1989) —Azua—, sirvió durante diez años en la Iglesia de Lucerna (Asambleas de Dios) y como maestro en varias congregaciones de Santo Domingo. También ha trabajado para el Departamento de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). En Abril del 2008 comenzó junto a su familia y un grupo de amigos la Comunidad Cristiana PezMundial. Rafael es Administrador de Empresas y vive en Santo Domingo (República Dominicana) junto a su esposa Carolina.

Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com



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