He afirmado en varias ocasiones que la Biblia es un libro difícil de leer. Este es un comentario algo agresivo en ambientes muy espiritualistas donde se cree que por ser nuestro libro sagrado basta con que sea abierto para que comience a iluminar la vida de las personas. No pongo en duda la conveniencia de distribuir Biblias, pero de allí a esperar que cada copia entregada produzca un discípulo creo que es ingenuidad. Antes de continuar —si tienen tiempo— pueden leer como introducción el artículo De la iglesia a la Biblia. Paso a compartir 5 razones por las cuales considero que la Biblia es un libro difícil de leer y que por lo tanto conviene acompañar a los nuevos lectores.
Estas son razones prácticas; antes de que un hermano sensible se ofenda, aclaro que confío en que el Espíritu Santo ilumina al creyente, pero también le doy su valor al verdadero discipulado, el cual no consiste en sentar al creyente en un banco y colocarle un ejemplar de las escrituras debajo del brazo, sino en acompañarle en un viaje de descubrimiento.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.