Una de las tentaciones que se enfrentan al emprender un nuevo proyecto es olvidarse de la sustancia, que son las acciones que se deben completar para alcanzar el objetivo, y concentrarse en lo secundario, asuntos también importantes, pero que bien pueden ser prescindibles al inicio: nombre, logotipo, tarjetas de presentación y papelería, sitio web u oficinas. Esto se puede encontrar en proyectos tan variados como una misión, una empresa de servicios o la siembra de una iglesia.
Parece extraño decir que el nombre o el logo no importan al inicio, pero en la práctica, para la mayoría de las acciones que se necesitan concretar en los primeros tiempos del proyecto se pueden presidir de esos elementos. Por otro lado, los pocos recursos que se tengan disponibles al emprender (tiempo, dinero, personas) es mejor dedicarlos a las partes más importantes.
He conocido proyectos que son solo espuma, compuestos por un buen sitio web, un excelente nombre, un plan de trabajo hecho en Word, una oficina lujosa y muchas ilusiones. Antes de tener un objetivo claro, un beneficiario bien identificado a quien servir y una idea concreta que desarrollar ya han invertido grandes cantidades en crear la ilusión de proyecto, pero no tienen un armazón para sostenerlo.
A continuación comparto 4 señales para identificar los proyectos que son solo espuma de otros con más probabilidades de éxito:
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.