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Déjenme leer el libro

Rafael Pérez Cultura Cristiana, Curiosidades, Libros 1,414 Lecturas

LibrosA diferencia de Larry Downs, Lizzie Sotola o Melvin Rivera, quienes están bien metidos en el mundo de libro («la industria», para ellos), yo soy un simple usuario de las librerías, pero usuario frecuente. Ya que siempre es útil, para los que están dentro, escuchar la opinión de los de afuera, me permito recomendarle a cualquier librero un detalle que me haría visitar su librería: la facilidad de leer el libro allí mismo. Parecerá que estoy pidiendo mucho, pero creo que si lo explico podría conseguir este favor.

  1. No siempre vale la pena comprar. Si puedo leer el libro en la misma librería sin conseguir una tortícolis, lo leeré, y cuando valga la pena comprar, compraré. Mi razón es esta: realmente muchos de los libros que compro no los leo completos, sino que solo consumo algunos capítulos y van directo a una caja o a otras manos.
  2. Es estresante ver libros no leídos rodando por la casa, o en el asiento trasero de mi auto. Muchos de los libros que tengo los he adquirido situacionalmente, esto es: para preparar un tema, por un interés del momento o porque alguien me los regaló. Si me dedicara a leerlos todos perdería la razón.
  3. Un libro es un objeto de aproximadamente 9 pulgadas de alto por 5.5 de ancho y un grosor que varía entre las 1.5 y las 4 pulgadas. El librero (portalibros) común dispone de 4 tramos pudiendo cada uno de ellos, en sus 40 pulgadas aproximadas, albergar sin mucho esfuerzo solo unos 14 libros. Es imposible que un lector frecuente pueda guardar allí todos sus libros adquiridos sin tapizar con ellos las paredes, algo que produce claustrofobia intelectual (la cárcel de papel).
  4. Quienes vivimos la era digital vemos la abundancia de información más como un estorbo que como una bendición. Para nosotros, tener que comprar a ciegas más datos es ofensivo. Cuando voy a la librería y encuentro el libro enfundado, o atado por la barriga con un lazo, ni lo toco, solo pienso: ¿y este autor que se cree? Para que un libro justifique la compra debe tener algo más que solo datos relevantes o correctos y de eso me entero precisamente cuando leo.
  5. Reconozcan, por favor, que por muy cuidada que esté la edición, mucho pan de oro que tengan las tipografías y muy chula que esté la cubierta (las he visto hasta esponjosas, como si fueran una almohada), un libro no es solo un objeto y no todos sus clientes son bibliófilos. No niego que de vez en cuando me haya enamorado de un librito, al punto de comprarlo solo por razones cosméticas, pero eso pasa poco y a los pocos días me siento culpable. Un libro no leído también podría ser usado para corregir la cojera del mismo librero, colocándolo debajo de sus patas, pero en la ferretería tienen mejores soluciones y mucho menos costosas.
  6. Muchos de los libros que he leído de gratis los he comprando después para mis amigos. Quizás dejarme leer gratis ahora me convierta a mediano plazo en un comprador compulsivo; pero a conciencia.
  7. Compensen los libros leídos en el establecimiento con otros servicios. Ilustro esto con un caso personal y reciente. Para contrastar los puntos del artículo «Buscando la unción» crucé a la librería y fui a la sección de libros cristianos para ver que tenía que aportarme la literatura existente sobre el tema. Busqué un librito de pocas páginas —me reservo el autor— y pasé al café de la librería. Leí el material mientras tomaba un Capuchino acompañado de un Croissant. Al final, regresé el libro al estante y pagué casi 100 pesos por los alimentos.
  8. Tener curiosos en los pasillos le hace bien al establecimiento. A la gente le gusta ver gente y los lectores gratuitos atraen compradores. A una buena librería no solo se va a comprar, se va para ver amigos, para tomar ideas, para participar en actividades relacionadas a los libros (tertulias, encuentros con autores, talleres) o solo por tomar un buen café.

Permítanme terminar estos ocho puntos diciendo que las librerías cristianas, por lo menos las locales, tiene muy poco que ofrecer a sus usuarios. Cuando he entrado alguna, a los tres segundos tengo encima a un vendedor, de los que al parecer cobran por comisión, metiéndome por los ojos el último de algún evangelista famoso. Muchas figuritas, muchos forros de Biblias con portarretratos, muchos CDS y poco ambiente, nada de café, solo libros de moda y diez ojos encima para que no me les robe su mercancía. Su concepto es: entre, tome este, pase por caja y Dios le bendiga.

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Rafael PérezRafael Pérez (Pastor)
Conoció al Señor en el Templo Evangélico de la 19 de Marzo (1989) —Azua—, sirvió durante diez años en la Iglesia de Lucerna (Asambleas de Dios) y como maestro en varias congregaciones de Santo Domingo. También ha trabajado para el Departamento de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). En Abril del 2008 comenzó junto a su familia y un grupo de amigos la Comunidad Cristiana PezMundial. Rafael es Administrador de Empresas y vive en Santo Domingo (República Dominicana) junto a su esposa Carolina.

Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com



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