Durante toda la tarde de ayer y hasta la mañana de hoy, las descargas del e-book estuvieron fallando por un error en el servidor. A pesar de esto, y gracias a la ayuda de la comunidad de blogs cristianos, acabamos superar las 2,000 descargas (desde este y otros medios) de la primera edición. El error fue resuelto y se reanuda la labor.
Aunque no pretendo pasarme el año lanzando nuevas versiones de este ensayo, sigo recibiendo ideas y sugerencias de los lectores, especialmente sobre puntos del material que necesiten ser mejor explicados o ideas que se puedan refinar. Pueden ver un ejemplo del formato en que estoy recibiendo las aportaciones y usar el formulario de contacto o mi e-mail para enviar las suyas. Todavía no tengo fecha, pero cuando crea prudente y las mejoras lo justifiquen, estaré compartiendo la segunda edición.
Etiquetas:
Retroalimentación: Puedes usar el siguiente formulario para enviar cualquier pregunta o comentario sobre este artículo directamente al autor. (Ni tu comentario ni tus datos serán publicados.)
Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.