No soy dando a medir el éxito de los proyectos usando los números; por ejemplo, trato de no mantenerme atento a la cantidad de visitas que llegan a este blog. Pero como dije en el artículo Ninive no puede esperar:
Si de verdad se tiene un llamado a comunicar el evangelio, por cualquier medio (en la música, grabando CDS; escribiendo, publicando libros; o actuando en un teatro ambulante), también se tiene la responsabilidad de entregar el mensaje. En este reino nadie es contenido, todos somos vasija, y más que simples vasijas de barro, también somos ruedas, o piernas.
Me he propuesto hacer llegar el e-book «De la religión a la espiritualidad; y viceversa» a cuantas manos me sea posible. He estado tocando puertas en diferentes medios y el asunto ha dado sus frutos. Hoy, a tres días del lanzamiento, acabamos de pasar las 1,000 descargas: 195+ directamente desde este y otros blogs y 807+ desde el buscador de Internet Amén-Amén. Mi agradecimiento a David Figueroa (director del buscador) y a todos los hermanos que de una u otra forma me han dado la mano en la distribución. Cualquier idea para hacer llegar a más lectores este y otro materiales será bien recibida.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.