En este último mes estaré un poco ausente de este espacio, pues aparte de las actividades normales y celebraciones de estos días, donde indudablemente la atención de todos nosotros se reduce, estoy dedicado de lleno a la lectura de tres libros pendientes (entre ellos una novela kilométrica, pueden ver las notas que voy tomando), los cuales quisiera terminar antes de cerrar el año. Junto a esto, y quizás sea lo último en lo que trabajaré hasta enero, estoy terminando la trascripción de la conferencia Generando el cambio que compartí en noviembre pasado.
He hablado en otras ocasiones sobre las dificultades que se presentan cuando se intenta cambiar el medio de un mensaje. (Por ejemplo: de sermón a ensayo o de ensayo a sermón.) Creo que aunque es posible pasar de un medio a otro, ya que el mensaje es transparente, no es adecuado hacerlo sin introducir modificaciones. La forma en que estoy intentando acostumbrarme a trabajar es la siguiente: primero escribir las ideas en forma de artículos cortos o ensayos, luego predicar esas ideas en forma de enseñanzas —evito usar el término sermón—, y al final, cuando he madurado algún tema y rumiado las ideas por un tiempo prudente —cuando tengo un criterio formado y puedo hacer un planteamiento más acabado junto a un buen grupo de propuestas— pasar a entregarlo como una conferencia.
El proceso que había creado era el siguiente: 1) artículo o ensayo, 2) enseñanzas, y por último: 3) conferencia. Pero ahora he pensado incluir un cuarto medio para transmitir el mismo mensaje: transcripciones de las conferencias. Tampoco tengo este proceso funcionado adecuadamente, pues solo en una ocasión he podido llegar ordenadamente al tercer paso, pero durante todo este año las partes 1 y 2 (escribir primero, predicar después) han estado presentes en mi ministerio. Si consigo completar los pasos 3 y 4 en el 2007 estaré muy satisfecho.
Las modificaciones a las que me refiero para pasar de un medio a otro tienen que ver principalmente con las diferencias existentes entre predicar, usando la voz, y hacerlo usando las letras. Con relación al proyecto preciso de transcribir las conferencias, pretendo completar las siguientes acciones:
Espero tener la trascripción lista y compartirla en la última semana de diciembre. Cualquier sugerencia o idea adicional será bien recibida.
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Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.