La terminé ayer, es una novela de Jonathan Frazen que había dejado medio abandonada a mediados del año y saqué fuerza para llegar al final —todo un reto en ocasiones, principalmente a mitad del libro, donde todo se torna innecesariamente largo y cansón, a mi modo de ver— y descubrir de qué me esperaba en aquellas famosas navidades que se venían venir en el relato.
Había leído gran parte de un libro de ensayos del mismo autor, Cómo estar solo, donde quedé gratamente impresionado por su punto de vista y encantado con su forma de contar las cosas. Por decirlo de un modo, ya le conocía la voz. Varios de los personajes de la novela tienen mucho de la vida misma del autor, contada en los ensayos mencionados.
Las correcciones es una novela larga (734 páginas) y compleja, cada tres paginas me quedaba pensando que donde encontró Franzen el tiempo y la paciencia para hacer gala de destreza en el manejo de las intríngulis tantos oficios y ramas del saber (electrónica, biología, cocina, ferrocarriles, náutica, armamento y muchas, muchas otras más). Al parecer se tomó su tiempo para investigar y vaciarse en una novela con todo cuanto sabía de las cosas que ha visto el mundo. Sin rayar en lo enciclopédico, pues solo menciona elementos evitando profundizar mucho en nada, llega a sorprender por su manejo de los temas relacionados a cada cosa que cuenta.
Todo gira entorno a la vida de los Lambert, una familia americana clase media que quizás es tan normal como cualquiera de las nuestras, si se ve junta sentada a la mesa, pero que viendo cada uno de sus miembros y su propio mundo de forma separada, con sus secretos y recovecos, pueden verse como verdaderamente son: seres humanos llenos de lados oscuros, secretos y piezas amorfas que nunca terminan de alinearse correctamente hasta llegar a ser dignas de ser mostradas en público. En el transcurso, cada uno de ellos intenta hacer su propia corrección y con sus propios medios, para llegar a cumplir las expectativas de sus padres, de sus vecinos, o de una sociedad norteamericana cada día más exigente.
Quizás la gracia de esta novela está en ser tan normal y corriente que hasta raye en el aburrimiento, pero al mismo tiempo refleje en su normalidad la sociedad norteamericana contemporánea —y por extensión la nuestra— de forma tan precisa que se torne alarmante y nos haga sentir desnudos. La atmósfera que logra presentar Frazen nos hace sentir que hay un gran secreto suelto, flotando en el aire, que algo privado, muy nuestro, se está por presentar en público. Nadie quiere que le llegue el momento de la presentación sin haber hecho sus debidas correcciones y todos se esmeran por hacer la suya entes que se le acabe el tiempo.