El viernes pasado estuve compartiendo la conferencia Generando el Cambio. Fue una bendición en muchos sentidos. Muchas cosas nuevas, muchas experiencias y una tremenda oportunidad que no me canso de agradecerle a Dios.
Aunque tengo mucho que compartir sobre la conferencia (anécdotas, curiosidades, errores, experiencias) lo más significativo para mí fue esa oportunidad que mencioné: compartir las buenas nuevas con un grupo considerable de mis familiares: tíos, primos, esposos de primas y gente muy cercana. Al ser esta la primera de una serie de conferencias que pienso organizar con regularidad, aproveché para invitarlos personalmente. Desde el funeral de mi abuela —una de las personas más especiales de mi vida, y quien marcó con su ejemplo mi carácter cristiano— no había podido volver a reunirlos para hablarles de Cristo.
Pienso que muchos de ellos todavía tenían muy presente el recuerdo de mis primeros años, mi carácter y comportamiento de aquellos tiempos. No es que ahora esté transformado, pero me da gusto poder dar testimonio delante de ellos, primero de mi vida y después de las verdades del reino. Alguien me dijo, medio en broma, que así no se vale, pues solo con los familiares y amigos casi abarrotamos el lugar.
Otras cosas para contar:
Si de verdad se tiene un llamado a comunicar el evangelio, por cualquier medio (en la música, grabando CDS; escribiendo, publicando libros; o actuando en un teatro ambulante), también se tiene la responsabilidad de entregar el mensaje. En este reino nadie es contenido, todos somos vasija, y más que simples vasijas de barro, también somos ruedas, o piernas.
Solo me queda agradecer a Carolina García, mi novia. Ella fue quien me motivo a organizar esta conferencia después de escucharme compartir una parte del tema con los jóvenes de la iglesia Misión Bíblica. También coordinó casi todos los detalles y sospecho que hoy, aunque es día festivo en República Dominicana, tuvo que ir a su oficina a ponerse al día con todo el trabajo que dejó de hacer en la semana para dedicarse a esta conferencia.
También me dio una satisfacción enorme escuchar cantar allí a Thelma Constant, una de mis grandes amigas. Soy el fan #1 de su voz y desde hace mucho tiempo la tengo amarrada para un compromiso ministerial más grande —esto es top secret—.
La Comunidad Cristiana Cielo y mi amigo Caonex Peguero-Camilo, como siempre, me hicieron sentir como en mi casa. Agustín, el utiliti de la congregación, esta puntero en la lista de las personas más dispuestas que he conocido en este reino. Estuvo haciendo de tripas corazón, tras bambalinas, para que todo funcione. La ADEE también nos apoyó en la confirmación de los asistentes y la invitación de estudiantes. Con esto logramos una mezcla de generaciones sorprendente. La iglesia de Lucerna —mi congregación— y la Iglesia Misión Bíblica —de donde también me siento parte— estuvieron representadas con muchos de mis amigos. Uno de los objetivos era reunir un grupo de personas tan variado que solo podamos tener en común a Cristo, sin apellidos.
Y aquí les dejo mi herramienta ministerial secreta: vivo rodeado de un ejercito de mujeres que desde siempre me han respaldado, apoyado y ayudado en estas locuras con todo lo que esté a su alcance: mi madre y mis hermanas. Mi hermana Rocío, es una de mis brazos el ministerio; mi madre una de mis columnas; Lilliam es la persona que más cuida de mí y Altagracia, junto a su esposo Alexis, siempre me han dado la mano. Esther, quien cuidaba de mi abuela y ahora vive con nosotros, tampoco se queda atrás.
Ahora mismo estoy cansado, pues el viernes estuve en la conferencia, el sábado en la tarde en el programa de radio de la ADEE y en la noche compartiendo en mi iglesia una reseña histórica de la iglesia en la edad media, un salto olímpico con relación a lo que tenía fresco en la cabeza. Desde ya estoy trabajando y generando ideas para la próxima conferencia, pero si se lo digo ahora a todos los involucrados puede ser que termine crucificado.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.