Este libro me lo recomendó mi amigo Natanael Disla, de Karmatarsis y me lo envió Melvín Rivera, de Mercado Cristiano. Llegó por correo ayer en la tarde, lamentablemente, no estuve en casa, para recibir al mensajero como en los viejos tiempos.
En la imágen: Tal como el Jazz, por Donald Miller.El asunto va de la siguiente manera: es un regalo, no pagué por él. Melvin me envió un mail hablándome de una iniciativa que tiene junto a su esposa Aradí para promover la lectura de libros cristianos. Mi único compromiso es intentar leerlo y comentar algo sobre él como vengo haciendo con muchos otros libros, si me parece bien hacerlo, claro está.
Por otro lado, si también a ellos les parece bien, utilizarán mis comentarios para motivar a otros lectores. Me pareció curioso y les dije podían hacerlo sin regalarme un libro, pues casi todos los contenidos de este espacio están bajo una licencia Creative Commons.
Anteriormente, otro hermano, responsable de alguna editorial, me había propuesto algo parecido. Pero cuando le informé que no podía garantizar un comentario positivo de sus libros, sino solo comentar que lo estaba leyendo y mis impresiones sinceras, desapareció. En este caso aceptaron mis caprichos y el libro llegó ayer. Luego les comento sobre lo que de verdad importa: el libro de Donald Miller, Tal como el Jazz.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.