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La personalidad de la iglesia

Rafael Pérez Compañerismo, Iglecrecimiento, Liderazgo, Opiniones, Reflexiones 1,133 Lecturas

He estado pensando en la personalidad de la iglesia, aquellas cosas que hacen única cada congregación de creyentes. Hay algo que es determinante en este sentido, y es la personalidad de su sembrador, el cual eventualmente terminará siendo su pastor. Regularmente, la identidad de una nueva iglesia corre peligro en manos de este, quien se sentirá tentado a formarla en base a sus gustos y caprichos personales.

Existe una tendencia en nuestros corazones a estandarizar el mundo en torno a nosotros. Hace unos años trabajé al lado de una emisora de FM. Como eran mis vecinos, me sentía con la confianza de ir a la cabina a pedirle al locutor, un señor muy amable entrado en años, que me pusiera canciones de Joan Manuel Serrat. Él accedía gustosamente, pues este era uno de los cantantes incluidos en «la lista». La lista era el conjunto de cantantes que el dueño de la emisora permitía colocar, en base a sus gustos. Si un artista no estaba incluido no sería colocado, para no ofender al propietario.

Nuestras congregaciones se parecen a aquella emisora de FM. Todo se puede resumir con dos expresiones: «el pastor quiere» o «al pastor no le gusta». Es como si toda la vida de la iglesia estuviera dedicada a complacer los gustos de un solo de sus miembros. La personalidad de una iglesia saludable debe ser igual a la mezcla de las personalidades de todos los creyentes que la componen, pero un sembrador con motivaciones incorrectas puede dejarse desviar, pensar que la iglesia es suya y debe ser su reflejo.

No estoy hablando de asuntos doctrinales, sino de preferencias, asuntos cosméticos. Lamentablemente, hemos llegado a creer que todo lo relativo a la iglesia está estandarizado, que existe una liturgia única, y estamos casi seguros de que es la nuestra. Una de las maravillas más preciosas de las iglesias del Nuevo Testamento es que todas eran diferentes. ¡Dios celebra la diversidad!

Donde más claramente podemos ver esta realidad en el tema de la música, pues nuestras preferencias musicales son una de las más fuertes manifestaciones públicas de nuestra personalidad, son nuestro grito al mundo de quienes somos. Hay congregaciones que desean cantar a Dios con un estilo contemporáneo, pero su pastor fue formado al estilo barroco, y usa su influencia para imponer sus gustos.

Estos conflictos llegan a tal punto que algunos hasta hacen listas de los «instrumentos bíblicos» para evitar que esos diabólicos tambores sean utilizados en la adoración. Recuerdo un pastor que predicaba enérgicamente recitando el versículo «Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe». Extendió su interpretación como una banda elástica hasta que demostró que la percusión era abominable. A fin de cuentas no era un problema doctrinal, sino cosmético. A él no le gustaba.

Para salvar situaciones como estas se necesitan dos cosas: desprendimiento y tolerancia. Tenemos que aprender a reconocer que la iglesia no es nuestra, no existe ni fue sembrada para complacer nuestros caprichos. También tenemos que aprender a tolerar, dejar de creernos que somos el centro del mundo, que la tierra gira alrededor de nuestras preferencias, gustos o caprichos. Dios es creativo, disfruta cada una de las expresiones de su iglesia.

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Rafael PérezRafael Pérez (Pastor)
Conoció al Señor en el Templo Evangélico de la 19 de Marzo (1989) —Azua—, sirvió durante diez años en la Iglesia de Lucerna (Asambleas de Dios) y como maestro en varias congregaciones de Santo Domingo. También ha trabajado para el Departamento de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). En Abril del 2008 comenzó junto a su familia y un grupo de amigos la Comunidad Cristiana PezMundial. Rafael es Administrador de Empresas y vive en Santo Domingo (República Dominicana) junto a su esposa Carolina.

Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com



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