Estuve analizando los conflictos que observé en los últimos años en diferentes congregaciones que se interesaron por su crecimiento y los problemas que enfrentaron. Lo que he descubierto es que —como era de esperar, pues somos parte del mismo cuerpo y compartimos la misma naturaleza— casi todos los conflictos, aunque en congregaciones muy distintas, tienen los mismos orígenes.
Tomaré como ejemplo una estrategia de crecimiento muy utilizada en los últimos años: rediseñar las reuniones de la iglesia para ser sensibles a los no creyentes. La idea, detrás de la estrategia, es que reduciendo la atmósfera religiosa de nuestras reuniones los amigos se sentirán más a gusto y vendrán a la iglesia.
Algunas congregaciones han cambiado los bancos, los púlpitos de madera, el lenguaje sacro y las canciones del himnario. Introdujeron a cambio canciones contemporáneas, un juego de luces en la plataforma y el pastor dejó de predicar con corbata para hacerlo en hawaianas. Esperaban que esto trajera crecimiento a la iglesia; y funcionó por un tiempo.
La estrategia no es mala en sí misma, pues justo a esto se refería el apóstol Pablo en la siguiente expresión:
Aunque soy libre respecto a todos, de todos me he hecho esclavo para ganar a tantos como sea posible. Entre los judíos me volví judío, a fin de ganarlos a ellos. Entre los que viven bajo la ley me volví como los que están sometidos a ella (aunque yo mismo no vivo bajo la ley), a fin de ganar a éstos. Entre los que no tienen la ley me volví como los que están sin ley (aunque no estoy libre de la ley de Dios sino comprometido con la ley de Cristo), a fin de ganar a los que están sin ley.
1 corintios 9:19-21
Mi punto es que casi todas las congregaciones que han hecho esta transición —dolorosamente, en muchos casos— aunque han visto un fuerte aumento inicial en la asistencia, a mediano plazo regresan al punto de inicio. El pastor sigue usando hawaianas, el coro sigue cantando rock, pero la asistencia vuelve al mismo nivel que en los viejos tiempos, cuando usaban el viejo órgano que fue vendido y cantaban las canciones del himnario de gloria.
La estrategia era buena, estuvo bien intencionada y funcionaba de viento en popa. Las reuniones se celebran a casa llena y hasta se contempló la oportunidad de abrir otras en diferentes horarios. Pero en un momento, misteriosamente, la asistencia se estanca. Y no solo eso, sino que comienza a mermar hasta colocarse en el punto de inicio. Junto al bajón repentino, comienza a dejarse sentir un malestar en varios lugares y el liderazgo tiene que luchar con el desanimo y las múltiples quejas de la congregación.
Quisiera explicar con un diagrama lo que sucede en la congregación cuando se implementa una estrategia de este tipo.
Diagrama: Un círculo virtuoso o proceso reforzador.En el diagrama se puede observar lo que es un círculo virtuoso, o proceso reforzador. Lo que ocurrió en la congregación, y explica el diagrama, fue lo siguiente: se redujo la atmósfera religiosa de las reuniones para ser más sensibles a los no creyentes, quienes le tienen miedo o de plano rechazan los símbolos religiosos. Esto eliminó el temor que sentían los miembros al invitar amigos, ellos no lo hacían porque creían que serían rechazados, o si lograban traerlos a las reuniones, no se sentirían a gusto. Esto, a su vez, provocó un aumento considerable en el número de las visitas de no creyentes a la congregación, produciendo, naturalmente, un aumento en la membresía.
Se supone que un círculo virtuoso que está dando buenos resultados, como este, debe mantenerse funcionando y facilitando el crecimiento de la iglesia a lo largo del tiempo, pero no es así. Aunque no está escrito en ninguna parte, los miembros —quienes son los actores principales del sistema— tienen una meta mental de cual debería ser el crecimiento de «su» iglesia. Algo parecido a esto: mi iglesia deberá crecer hasta tal punto que no afecte mis intereses.
Esta es una meta metal e inconciente, pero funcional y totalmente cierta. Ningún miembro confesará públicamente que desea que la iglesia se mantenga pequeña, pero es muy posible que reaccione negativamente ante el crecimiento, regularmente criticando las dificultades que este causa.
Ya que todo sistema vivo crece, sería inútil eliminar aún más la atmósfera religiosa para volver a tener un mayor número de visitantes, la solución fundamental a este problema sería identificar las barreras que están limitando el crecimiento de la iglesia. He identificado tres barreras o condiciones limitantes, las cuales detallaré a continuación, pero estoy seguro que con poco esfuerzo se podrían identificar otras tantas. Primero las mencionaré y luego daré algunas ideas de cómo superarlas.
1. Comodidad.
La primera condición limitante para el crecimiento de la iglesia surge de la disminución del espacio físico por el aumento de las visitas.
Diagrama: El aumento en el número de visitantes misminuye la comodidad.Parecerá una locura pensar que un miembro tradicional de la iglesia se queje porque cuando llega a la iglesia no encuentra un lugar cómodo donde sentarse, pero esto ocurre más comúnmente de lo que pueda pensarse. La falta de asientos, de parqueos y el calor son las quejas más frecuentes en las congregaciones que están creciendo.
2. Cercanía.
Una congregación pequeña es agradable. Por lo regular, las nuevas iglesias alcanzan rápidamente un número significativo de miembros, transferidos de otras iglesias más grandes, pero terminan estancándose a corto plazo. Esto tiene una explicación lógica: las comunidades están compuestas de relaciones, y cuando el número de miembros aumenta, las relaciones tienden a la superficialidad. Ya que la iglesia tiene nuevos miembros, los líderes tienen menos tiempo para compartir con los creyentes más antiguos, y estos se sienten amenazados. Se ven muchas caras nuevas, pero se pierde la cercanía.
Diagrama: El aumento en el número de miembros afecta el tiempo que dedica el líder a los creyentes tradicionales.3. Tradición.
Una gran cantidad de creyentes encuentra su identidad en las tradiciones. Si durante años la liturgia de la iglesia ha sido de un modo, es muy difícil cambiarla sin generar fricción. Algo que puede para mí ser tan trivial como la ubicación del púlpito, la posición de los bancos o la corbata negra del pastor, puede ser sumamente significativo para muchos hermanos.
Diagrama: Los miembros tradicionales se sienten amenazados al reducir la atmósfera religiosa de las reuniones.Paso a compartir algunas ideas que podrían ser de utilidad para salvar estos obstáculos:
Es cierto que la congregación por un tiempo tendrá menos espacio físico, será menos reverente —los visitantes no están acostumbrados a nuestro entorno— y un poco más ruidosa; pero también podemos disfrutar esta etapa en la vida de la iglesia si tratamos de ser un poco más tolerantes. Una conversación abierta con los miembros puede ser suficiente para salvar la situación.
Cuando sus miembros que ya peinan canas en la fe cristiana se quejen de que al haber tanta gente ya no tienen espacio en la casa, quizás sea el tiempo de comenzar a hablar con sus hijos espirituales acerca de su propia familia Invíteles a formar nuevas comunidades.
Una iglesia no solo debe tener hijos, sino nietos espirituales, quienes forman parte de sus iglesias hijas. Cuando quiera ver reunida toda la familia, a todos sus hijos, sus nietos y bisnietos espirituales, vallan a un parque y estén juntos. La forma más saludable de crecer es la multiplicación, sembrar nuevas iglesias.
Otra posible solución sería preparar la congregación para que cuide de sus nuevos hermanos. He aquí un reto para el liderazgo, díganle a sus discípulos: yo invertiré un tiempo determinado en tu formación, pero eventualmente recibirás menos tiempo de mi parte y tendrás que hacer con otros nuevos creyentes lo mismo que yo estoy haciendo contigo. Te estoy formando para que seas un formador.
Por otro lado, si la congregación tiene múltiples generaciones o múltiples preferencias, indudablemente alguien tendrá que sacrificarse. La clave en esto está en poner el amor por las almas por encima de nuestros caprichos. Si tengo que remover el viejo órgano para lograr que mi vecino no creyente se sienta cómodo, lo haré con gusto, pues de eso se trata el cristianismo: sacrificarnos por los demás, hacer por ellos lo que haría Jesús.
Finalmente, quiero terminar este artículo aclarando que aunque estas tres limitantes (comodidad, cercanía y tradición) están presentes en casi todas las congregaciones, no solo con implementar una estrategia determinada —como remover la atmósfera religiosa de nuestras reuniones— puede estar garantizado el crecimiento de la iglesia. Por regla general, nosotros no podemos hacer nada para que la iglesia crezca, pues Dios es quien manda el crecimiento. Ahora, podemos trabajar al lado de Dios, no en su contra; en otras palabras, dejar de limitar el crecimiento que él quiere provocar en su familia.
Etiquetas:
Retroalimentación: Puedes usar el siguiente formulario para enviar cualquier pregunta o comentario sobre este artículo directamente al autor. (Ni tu comentario ni tus datos serán publicados.)
Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.