Ya no vivo para mi ministerio
Siempre dije que vivía para mi ministerio. Quizás hace ya ocho años desde que tengo «conciencia ministerial» —esta es una expresión que acabo de inventar para llamar aquel momento de la vida en que sabemos la función para la cual fuimos llamados dentro de la iglesia—, y desde entonces he estado repitiendo como loro ese estribillo («vivo para mi ministerio») una y otra vez.
Para mí, no había sobre esta tierra algo más noble que pudiera hacer el hombre que no sea vivir para aquella función que fue creado, sea cantar, predicar o cerrar las ventanas del templo. Varias veces les he dicho a los hermanos desde el púlpito que la única manera de ser racionalmente feliz en esta tierra es cumplir su ministerio… y ya no lo creo. Cada persona que ha pasado por mi vida ha sido sentada formalmente en una silla a escucharme afirmar, con toda seriedad, que en este planeta no hay nada que sea más importante para mí que trabajar para la iglesia. He sentado novias, familiares y amigos, y todos ellos han dicho amén. Ya no estoy tan seguro de querer sentar a alguien nuevamente.
El ministerio puede ser un medio para agradar a Dios, pero no por trabajar en el ministerio conseguiré una sonrisa de mi padre. Sigo creyendo que es mejor ser la persona que el obrero de Dios. Como dije en un artículo anterior: «Puede ser que por mis condiciones no esté en las grandes ligas o que mañana sea un completo fracaso en hacer realidad los sueños que tengo para Dios, pero soy hijo, una condición muy superior a siervo, y aunque pueda cometer el error más grande nadie me quitará mi lugar en la familia de Dios».
He conocido personas que aman más su ministerio que a Dios, así como he conocido genios de cabeza grande que conocen más el libro de Dios (la Biblia) que al Dios del libro. Y regularmente, cuando alguien está más centrado en la obra que en el Señor de la obra, ya no trabaja para glorificar a Dios o exaltar su nombre, sino para su proyección personal. Hay cientos de líderes quienes respiran y transpiran ministerio porque encuentran en ello su identidad, y no en Cristo.
Recuerdo que por el 1999, cuando todavía el Instituto Bíblico me apasionaba y no alcanzaba a comprender como los creyentes de a pie podían vivir sin leer los sermones de Spurgeon, estudiar la hermenéutica y poner en práctica la homilética, un hermano me comentó algo al respecto. Yo estaba desesperado por imprimir una revista, tener una página en Internet y hacer un programa de radio. En ninguna de las tres cosas tenía experiencia, pero cargaba en el corazón una pasión tan grande por trabajar para Dios que desconocer esos medios de comunicación llegó a ser algo trivial.
Le pedí asesoría sobre la radio al mencionado hermano y me respondió lo siguiente: «Morenito, afanado y turbado estás en muchas cosas, toma lo mejor». Yo creí que tomar lo mejor era dejar de leer los comentarios de Mateo Henry y comenzar a leer a Moody. Él me estaba citando la historia de Marta y María y yo en mi ignorancia creí que se trataba de seleccionar mejor mis fuentes de documentación.
Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. Lucas 10:41-42
En estos últimos ocho años he predicado sobre Dios en innumerables ocasiones, he escrito cientos de artículos sobre Él y consumido bastante Teología Bíblica y Sistemática. La Teología no es más que una forma mecánica de conocer una persona, como si Dios fuera una maquina y los libros de Teología fueran su manual de instrucciones. Con todo esto, es más lo que sé de Dios por medio de terceros, lo que he escuchado sobre Él y lo que he escrito, que aquello que he conocido de primera mano. Quiero poder decir algún día como dijo Job después de estar con Él personalmente y sin intermediarios: «De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven».
Mi vida no puede seguir estando orientada al ministerio; no quiero que llegue el día en que disfrute más predicar sobre Dios que pasar tiempo junto a Él. No quiero seguir viviendo para el ministerio, quiero vivir solo para Cristo, y para nadie más. No quiero ser su mejor jornalero, quiero ser su mejor amigo.









¡¡¡AMEN!!!
Rafael, justo antes de leer este artículo, acababa de escribir lo siguiente:
“….cuando aprendemos a ser agradecidos de El, marche todo bien, marche todo regular o marche todo mal, entonces es porque le amamos y es el Primero en nuestro corazón.. Nuestro compromiso con Dios no debe ser negociable ni condicional.
Repito, es bueno desear cosas buenas y orar por ellas, pero sin caer en ansiedad y mucho menos reclamos absurdos hacia Dios,, porque todo es pasajero y todo es vanidad, pero nuestra relación con el Padre, su compañía y presencia en nuestra vida, no tiene precio, es incomparable.”
Podrías leerlo todo en esta dirección:
http://burradebalaamforos.org/viewtopic.php?t=1110
Dios te bendiga amigo.
De acuerdísimo Rafa, pero a veces es dificil diferenciar nitidamente a Dios que a la obra…
Pero al obra siempre va a ser menor que el Señor de la obra, y …y… si algo es menor que Cristo… aunque sea bueno (es decir no sea algo malo)al final… si no es Cristo, no vale la pena dejar a Cristo por ese algo; llamese “obra de Cristo”, “ministerio”, “llamado” o lo que se llame.
Ciertísimo:
“Hay cientos de líderes quienes respiran y transpiran ministerio porque encuentran en ello su identidad, y no en Cristo”.
Es una trampa en la que se cae facilmente…
Muy buena Rafa. Es cierto que puede ser una trampa, un oficio más que desempeñamos como tantos otros. Lo he visto pasar mucho, y aún lo veo a mi alrededor.
Lo único que agregaría es que no se puede despreciar el ministerio, PERO a la vez crear consciencia de que “ministerio” no siempre quiere decir lo que uno cree que significa. Vivir una vida de comunión con Dios puede perfectamente ser una obra ministerial, aunque sea “sin querer”.
Cuando Cristo dijo que seamos la luz del mundo, no creo que haya querido decir que pongamos muchas luces cuando fuéramos a predicar.
A&R
Rafa
¡Excelente..cuando escribes este es un escrito desde el corazón que no toca todos nosotros.
Dios bendiga tu ministerio. No el que la gente cree que tienes; sino el que tu has identificado como el real.
Rafa, yo le pido a Dios que yo me muera el 22 de marzo del 2083, un día después de cumplir 120 años!!!
¿Estaré empezando una lucha que parece que tú ya estás superando? Llevo muchos años en el ministerio y me he topado con que quizás he buscado más la bendición de los hombres que la de Dios, he buscado más agradarlos a ellos, que a Dios mismo… malo, muy malo si es así. Estoy orando con el Salmo 139.23-24 para que Dios me muestre mi realidad. Mientras, si El quiere que pase 7 años en las cuevas como David, 14 años en las cárceles como José, o 40 años tirando piedras como Moisés… pues le pido que me de el tiempo suficiente para no sólo “escoger la buena parte”, sino para darla a conocer a muchos durante mucho tiempo ~¿ahora me aceptas lo de los 120 años
Sigue adelante amigo!
LOS EXTREMOS SON MALOS…
Creo que debe haber un equilibrio entre nuestro amor a Dios y el hacer su obra. Si bien es cierto que dice: “AMARAS A DIOS CON TODO TU CORAZON.. etc.” Tambien es cierto que dice: “LA MIES ES MUCHA Y LOS OBREROS POCOS… ROGAD AL SEÑOR DE LA MIES PAR QUE ENVIE…”
Asi que creo que man! el cristiano tiene que aprender a vivir una vida equilibrada, amor a Dios, pero tambien hacer su obra y su trabajo. pero na, es un tema largo viejo.. si quieres lo hablamos por el messenger…
Fausto
Rafa:
Cuando una va al instituto, verdaderamente lo ama, jejeje. ¡Uno sabe tanto y todo lo tiene tan a la mano!
Yo tuve muchos maestros geniales, pero unod e mis mejores maestros decía: “Odio la teologia, la teología jamás te podrá mostrar el corazón de Dios” y sin embargo era un teólogo impresionante. Eso es el balance correcto.
También he aprendido a hacer lo qeu me toca, pero no proque me gane con ello un lugar o porque Dios se agrade en ello. Es lo que me toca, es mi papel y puede ser que no lo haga alguien más igual que yo. A lo mejor soy perfectamente sustituible, pero a lo mejor no, Dios sabe. Asi que lo haré porque me gusta hacerlo y lo dejaré cuando mi Dios me lo quite; dolerá porque me gusta, pero en mi vida no mando yo.
Si hubiera leido esto hace años, me hubiera ahorrado golpes, pero estaría privado de atesorables experiencias en los moretones y cicatrices que llevo, algunas a veces arden o duelen aun, pero ¡Como me sirven!
- Hola Esmirna, me alegra verte por estos lados. Veo que sigues activa en los foros.
- Fausto, Miguel y Carlos: no crean que pretendo abandonar el ministerio. Realmente disfruto enormemente trabajar para la iglesia de Cristo, pocas cosas son tan satisfactorias para mí como esta, y ahí está mi miedo. Es un dilema: vivir para Cristo o para la obra de Cristo.
- Taty, Alex: tal como dicen, es una trampa, y yo he caído en ella varias veces. Debemos que estar muy atentos y pedirle a Dios que ilumine nuestro entendimiento para conocer los verdaderos motivos de nuestro corazón.
- Melvin: gracias por tus comentarios, me da gusto saber que mis debilidades son una bendición para los demás.
En ningun momento pense o he pensado que vas a dejar el ministerio, solo me parecio muy inclinado hacia a un solo lado y eso puede llevarse a malinterpretacion… solo eso…
Dios te bendiga
Q buen mensaje le abre los ojos a cualquiera.
bendiciones junior
Rafael ,Dios te continue bendiciendo amigo!!
Sabes qué ..me sentí muy identificada con este articulo al momento de leer el encabezado sentí en mi corazón a lo que te ibas a referir y creo que es muy lindo tu sentir ,pues mientras mas conocemos al señor de la obra en la que trabajamos ,daremos mas y mejores frutos , seremos testimonios vivos ;cartas abiertas y reflejaremos a cada momento en nuestro rostro el rostro de nuestro Señor y padre Celestial .
DTB.
Dios te bendiga Rafa.
Estot de acuerdo con Fausto creo que amar a Dios y amar su obra no son posiciones antonimas, aunque debemos saber que muchas veces el humo que se ve en nuestro derredor no es el indicativo del fuego de Dios que debe vivir en nosotros, sino mas bien humo de activismo humano.
Como predicaba el domingo pasado en mi iglesia, el pueblo de Israel no era movido por el humo de las fuerzas de Moises, sino por el Fuego de la gloria de Dios. Hace un tiempo toqué este tema en un articulo,(http://pastorhome.wordpress.com/2005/10/
recorde que fue el que use aquella vez.
Estimado hermano Rafael; has llegado al punto más importante. ¿De que nos serviría tanta Teología, y estudios, si no conocemos a Dios?
Pablo dijo: “al Dios que vosotros adorais, sin conocerle…” Hechos 17.-
Hoy es una realidad en los que decimos ser sus hijos.-
Rafael, Bendiciones amigo!!!
Cuanto desearía repartir duplicados de esta “reflexion” (sí, porque nos llama a la autocritica) entre muchos líderes de hoy, que han perdido el enfoque. De hecho, compitiendo entre sí.
Siempre “truenas” con comentarios ajustados a nuestras realidades y, creo que en esta ocasion, es vital en nuestras vidas y ministerios, replantearnos la cuestion de si vivimos para el ministerio o para el Dios que nos otorgo el ministerio a ser administrado?
GRACIAS POR ESTE ARTICULO
Como siempre MUY acertado. QUE PAPA DIOS CONTINUE BENDICIENDOTE MAS.
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Durante años he predicado sobre la importancia de hacer cosas para Dios (ministerio, misión) y tener una visión; en resumen, he hablado mucho de «hacer» y ahora tengo más urgencia por hablar de «ser». Me he dado cuenta de que hablar de visión obviando el carácter es sumamente peligroso, tanto como una bomba de tiempo, una construcción mal sustentada o una olla de presión.
Es muy cierto que no todo el mundo tiene la capacidad de moverse de una realidad socioeconómica a la otra, pues hacerlo requiere primero tener las oportunidades necesarias y luego pagar un alto precio en carácter y sacrificio, y cierto también es, que aquellos que lo pagan con frecuencia son perseguidos por quienes se quedan rezagados.
Aquellos que poseen mucho conocimiento (ya sea porque se sacrificaron para adquirirlo o porque tienen una mente privilegiada) a menudo no son los más aventajados. Esto sucede porque se obvian otros dos puntos de apalancamiento (aparte del conocimiento) de igual o quizás hasta mayor poder e importancia: la experiencia y las relaciones.
Este método lo he puesto en práctica (con mayor y menor rigor y relativo éxito) para determinar la viabilidad de proyectos tan variados como la escritura de artículos, distribución de materiales, preparación de enseñanzas y conferencias e iniciativas de discipulado dentro de mi iglesia local. Al ser sumamente genérico estoy seguro de que sería extrapolable a otras áreas.
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