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Ya no vivo para mi ministerio

Rafael Pérez Cristianismo, Ministerio, Personales 1,268 Lecturas

MinisterioSiempre dije que vivía para mi ministerio. Quizás hace ya ocho años desde que tengo «conciencia ministerial» —esta es una expresión que acabo de inventar para llamar aquel momento de la vida en que sabemos la función para la cual fuimos llamados dentro de la iglesia—, y desde entonces he estado repitiendo como loro ese estribillo («vivo para mi ministerio») una y otra vez.

Para mí, no había sobre esta tierra algo más noble que pudiera hacer el hombre que no sea vivir para aquella función que fue creado, sea cantar, predicar o cerrar las ventanas del templo. Varias veces les he dicho a los hermanos desde el púlpito que la única manera de ser racionalmente feliz en esta tierra es cumplir su ministerio… y ya no lo creo. Cada persona que ha pasado por mi vida ha sido sentada formalmente en una silla a escucharme afirmar, con toda seriedad, que en este planeta no hay nada que sea más importante para mí que trabajar para la iglesia. He sentado novias, familiares y amigos, y todos ellos han dicho amén. Ya no estoy tan seguro de querer sentar a alguien nuevamente.

El ministerio puede ser un medio para agradar a Dios, pero no por trabajar en el ministerio conseguiré una sonrisa de mi padre. Sigo creyendo que es mejor ser la persona que el obrero de Dios. Como dije en un artículo anterior: «Puede ser que por mis condiciones no esté en las grandes ligas o que mañana sea un completo fracaso en hacer realidad los sueños que tengo para Dios, pero soy hijo, una condición muy superior a siervo, y aunque pueda cometer el error más grande nadie me quitará mi lugar en la familia de Dios».

He conocido personas que aman más su ministerio que a Dios, así como he conocido genios de cabeza grande que conocen más el libro de Dios (la Biblia) que al Dios del libro. Y regularmente, cuando alguien está más centrado en la obra que en el Señor de la obra, ya no trabaja para glorificar a Dios o exaltar su nombre, sino para su proyección personal. Hay cientos de líderes quienes respiran y transpiran ministerio porque encuentran en ello su identidad, y no en Cristo.

Recuerdo que por el 1999, cuando todavía el Instituto Bíblico me apasionaba y no alcanzaba a comprender como los creyentes de a pie podían vivir sin leer los sermones de Spurgeon, estudiar la hermenéutica y poner en práctica la homilética, un hermano me comentó algo al respecto. Yo estaba desesperado por imprimir una revista, tener una página en Internet y hacer un programa de radio. En ninguna de las tres cosas tenía experiencia, pero cargaba en el corazón una pasión tan grande por trabajar para Dios que desconocer esos medios de comunicación llegó a ser algo trivial.

Le pedí asesoría sobre la radio al mencionado hermano y me respondió lo siguiente: «Morenito, afanado y turbado estás en muchas cosas, toma lo mejor». Yo creí que tomar lo mejor era dejar de leer los comentarios de Mateo Henry y comenzar a leer a Moody. Él me estaba citando la historia de Marta y María y yo en mi ignorancia creí que se trataba de seleccionar mejor mis fuentes de documentación.

Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. Lucas 10:41-42

En estos últimos ocho años he predicado sobre Dios en innumerables ocasiones, he escrito cientos de artículos sobre Él y consumido bastante Teología Bíblica y Sistemática. La Teología no es más que una forma mecánica de conocer una persona, como si Dios fuera una maquina y los libros de Teología fueran su manual de instrucciones. Con todo esto, es más lo que sé de Dios por medio de terceros, lo que he escuchado sobre Él y lo que he escrito, que aquello que he conocido de primera mano. Quiero poder decir algún día como dijo Job después de estar con Él personalmente y sin intermediarios: «De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven».

Mi vida no puede seguir estando orientada al ministerio; no quiero que llegue el día en que disfrute más predicar sobre Dios que pasar tiempo junto a Él. No quiero seguir viviendo para el ministerio, quiero vivir solo para Cristo, y para nadie más. No quiero ser su mejor jornalero, quiero ser su mejor amigo.

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Rafael PérezRafael Pérez (Pastor)
Conoció al Señor en el Templo Evangélico de la 19 de Marzo (1989) —Azua—, sirvió durante diez años en la Iglesia de Lucerna (Asambleas de Dios) y como maestro en varias congregaciones de Santo Domingo. También ha trabajado para el Departamento de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). En Abril del 2008 comenzó junto a su familia y un grupo de amigos la Comunidad Cristiana PezMundial. Rafael es Administrador de Empresas y vive en Santo Domingo (República Dominicana) junto a su esposa Carolina.

Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com



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