Estuve escuchando la entrevista que le hicieron a la escritora Rosa Montero en el programa Estudio 834 de la BBC. Demás está decir que la entrevista es sumamente interesante. Lo que me llamó la atención fue la siguiente expresión, misma que he escuchado recitar a muchos otros escritores consumados:
Somos los obreros de la literatura. Yo tardo en promedio tres años con una novela. Te pasas la vida sin salir a la calle, sin ir al cine, encerrada en una esquina de tu casa escribiendo novelas. Escribiendo mentiras además. Es un trabajo tremebundo.
Al parecer la soledad y el sacrificio son inseparables de la literatura, los escritores se aíslan a vivir en un bote de tinta y solo ven la luz para entregar el fruto de su sacrificio: un libro. Esto ni logro compartirlo ni le veo lógica; es vivir en la era de la información con recursos y limitaciones medievales. Cuando la única forma de compartir este arte era por medio de la imprenta, los escritores estaban obligados a vivir en soledad, pero cuando compartir es tan fácil como oprimir un botón, no se puede seguir siendo mártir.
Pienso en escribir y hay tres cosas que me vienen a la mente, las cuales detallo a continuación:
Cuando no tengo nada que decir no digo nada, enciendo la TV, hago vida social o veo una película. Ahora mismo es muy fácil hacer literatura sin dejar de ir al cine. La vida es muy corta para andar prendiéndole velas a las letras.
Etiquetas:
Retroalimentación: Puedes usar el siguiente formulario para enviar cualquier pregunta o comentario sobre este artículo directamente al autor. (Ni tu comentario ni tus datos serán publicados.)
Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.