Mi proyecto de organización personal va de viento en popa. Después de leer el primer capitulo de GTD, el libro de David Allen emprendí la primera acción recomendada: sacarme todos los asuntos pendientes de la cabeza y hacer una gran lista con ellos. Eso me dejó en las manos una súper-lista, con… ¡más de 115 asuntos pendientes!
Parece una exageración, pero es la realidad, y lo más preocupantes es que la súper-lista seguía creciendo. Si alguien lo duda, solo puedo recomendarle que tome algunas hojas de papel en blanco y haga la prueba de empezar a anotar durante tres días todos sus pendientes grandes o pequeños (compromisos, proyectos, cosas no terminadas) que recuerde. Entre mis 115 asuntos pendientes hay de todo un poco: desde sembrar una iglesia hasta hacer un levantamiento de todos los servidores de bases de datos de la empresa donde laboro.
He tomado algunas decisiones al respecto, las cuales cito a continuación:
Hacer un listado con todos, absolutamente todos los asuntos pendientes que llevaba en mi cabeza me ha arrojado los siguientes beneficios:
Lo último que quiero compartir por hoy son mis motivaciones. Entiendo que no es muy común esto de que alguien se involucre en un proyecto de organización personal, pero tengo razones de peso para hacerlo:
Espero más adelante seguir compartiendo el avance de mi plan. Estoy entrando al segundo capitulo del libro de Allen y se perfila sumamente interesante.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.