Todos mis amigos, en el otro lado del mundo, están esperando ansiosos el inicio del mundial. Aunque parezca imposible de creer, en esta media isla, República Dominicana, nadie patea balones, no conocemos el término «hincha» ni morimos por Maradona. Puedo contar con los dedos de una mano las veces que he visto a alguien con un balón de fútbol, y si caminando por a calle me encuentro con algo así, me parecería bastante snob.
La verdad es que «la pelota» —así le decimos al béisbol— es lo nuestro. En casi en cada sector hay play —así le decimos al estadio—, y si no hay, se improvisa. Hace años que no practico ningún deporte, el único ejercicio físico que hago últimamente es subir tres pisos por la escalera hasta la oficina varias veces al día, y que conste, que lo hago por temor a quedarme encerrado, nada que ver con la salud. Veré la semana entrante —creo que inicia el 9 de junio— si logro sintonizar algún juego y le tomo el gusto al asunto.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.