Yo, el programador — PezMundial
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Yo, el programador

Este artículo forma parte de una serie, pensada originalmente en tres. Tuve que intercalar este y otro artículo antes del final. Pueden leer el anterior, titulado: Cristianismo eventual.

CanalLo experimenté durante un tiempo, pero ya no lo tengo. Ese algo que todos anhelamos es sumamente escurridizo. Fue en el 2004, tenía para entonces casi año y medio trabajando en el ministerio con los jóvenes. Estaba cansado y frustrado, la monotonía de tener que programar el culto del sábado y mantener los jóvenes «haciendo algo» me estaba matando.

Mi primer año fue una maravilla —gracias al apoyo de los miembros de la directiva, con talento de sobra—, el ministerio caminaba sobre ruedas, un programa interesante tras otro (conciertos, muchos grupos de trabajo, la reunión del sábado a casa llena y casi todos los domingos en la noche nos inventábamos o una película o una charla en el templo —para ocupar el tiempo—). Pero al segundo año las cosas empezaron a apagarse. La rutina y la monotonía eran sofocantes.

En todo esto había algo preocupante. El éxito en mi ministerio —medido por la asistencia a las reuniones, claro está— era directamente proporcional al dinamismo de los programas. Si lograba llevar los jóvenes al templo, y entretenerlos adecuadamente, sería un líder exitoso. Ser un líder (programador) fructífero (mucha asistencia) requiere bastante energía. Es un trabajo arduo y agotador, casi nadie soporta ese ritmo por mucho tiempo; o merma la asistencia o se enferma el líder. Si tu iglesia se mantiene en la «ola de crecimiento» por un largo período tiempo en base a programas entretenidos, preocúpate, al pastor está por darle un desgaste físico.

Todavía, al día de hoy, me estresa la llegada del sábado. Me entran una ansiedad enorme y una desesperación tremenda, como si tuviera pendiente preguntar por el director, los cantantes, los músicos y el predicador, si están listos para el programa de la noche. Ha tenido que pasar mucho tiempo antes de que pueda volver a disfrutar nuevamente ir al templo a una reunión de jóvenes.

A mediados de ese mismo año, durante una conversación con un amigo, en mi casa, llegamos al tema del crecimiento espiritual. Siempre he sido medio lento en cuando a crecimiento se refiere, pero en ese año y medio de trabajar en el ministerio, ni quisiera crecí. Ha sido para mí el tiempo más infructífero. En la medida que invertía mi tiempo entreteniendo a los demás mi vida espiritual se iba a la quiebra.

Determinamos —mi amigo y yo— buscar otros jóvenes que estuvieran interesados en crecer espiritualmente para reunirnos una vez por semana a conversar sobre el asunto. Empezaríamos la semana entrante, él ofreció su casa. En estas reuniones es una de las pocas veces que he podido experimentar ese algo que experimentó la iglesia del libro de los hechos.

Para entonces los programas del ministerio juvenil dejaban de ser entretenidos, las actividades comenzaron a disminuir y la dejadez que noté primero en mí y luego en los miembros de la directiva, comenzó a hacerse sentir también en los demás jóvenes. Si algo me mantuvo en pie durante la segunda mitad de ese año fueron esas reuniones informales en la casa de un amigo, ahí conocí ese algo que tanto había buscado. Esas reuniones llegaron a llamarse la Red de Jóvenes con Propósito.

Esta serie continúa mañana. Tengo pendientes una explicación más detallada de la red y ese algo que conseguimos en ella y el final de la serie: cristianismo cotidiano.

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Rafael PérezRafael Pérez (Pastor)
Conoció al Señor en el Templo Evangélico de la 19 de Marzo (1989) —Azua—, sirvió durante diez años en la Iglesia de Lucerna (Asambleas de Dios) y como maestro en varias congregaciones de Santo Domingo. También ha trabajado para el Departamento de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). En Abril del 2008 comenzó junto a su familia y un grupo de amigos la Comunidad Cristiana PezMundial. Rafael es Administrador de Empresas y vive en Santo Domingo (República Dominicana) junto a su esposa Carolina.

Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com



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