Buscando algo — PezMundial
PezMundial

Buscando algo

Rafael Pérez 16 May 2006 : 12:58 pm 342 Lecturas

Buscando—Ser cristiano debe ser algo más, o por lo menos, algo diferente a esto —dijo un creyente el domingo por la tarde, después de participar toda la mañana hasta después del medio día en la escuela bíblica y culto dominical de su iglesia—.

El santo grial buscado por todos nosotros, cristianos de este tiempo, es un algo misterioso. Muy adentro presentimos que eso de ir los domingos al templo —aunque es necesario estar con nuestros hermanos, claro está— y algunos días entre semana, no es todo lo que podría llegar a ser nuestra fe.

Se habla de perder el primer amor para explicar este fenómeno, razón por la cual los nuevos creyentes, pasados unos siete meses, terminan perdiendo el ímpetu inicial con que llegaron a la iglesia. Se anima a los fieles domingo tras domingo, de congregación en congregación, a buscar con todas sus fuerzas, por su cuenta, un encuentro, un despertar, una renovación, una nueva llenura del espíritu.

Hay muchas maneras de llenar ese algo. He visto cientos de obras que tratan el tema, algunas plantean estrategias en varios pasos para alcanzar esa meta subjetiva y hasta media misteriosa. «La vida en el espíritu», «la llenura del espíritu», «la vida abundante» o hasta «Su mejor vida ahora» —titulo de un reciente besteseller cristiano—, son intentos por nombrar el problema.

Algunos peregrinan a sitios remotos, como Juan Ponce de León, buscando esa fuente de la eterna juventud —en el espíritu— que les devolverá el gozo perdido. He participado en actividades cristianas donde se promete ser renovado, restaurado o llenado, como si de poner combustible al auto, o realizar un cambio de aceite se tratara.
—Siete galones de gasolina sin plomo y tres cuartos de aceite sintético para el motor, por favor.

Con los eventos de llenura e notado un poco más de éxito que con los libros, en cuanto a conseguir el algo se refiere; pero es temporal, a fin de cuentas. Es más, yo mismo he sido conectado, como si fuera una batería recargable, un par de veces. En cierta ocasión fui llevado a un evento de recarga bastante pretencioso —prometía y casi garantizaba que al terminar no volveríamos a ser iguales—. Terminó, salí de lo más emocionado y regresé a mi casa tirando brincos, creyendo haber encontrado la panacea para todos mis problemas.

Fue tanto el impacto, que hasta me encargué de hacer participar a todos mis amigos y conocidos. Al cabo de mes y medio ya estábamos todos tan cansados y aburridos como antes de participar, y con la misma sensación de vacío interno, de que faltaba algo.

Según mi experiencia, una de las mayores debilidades, tanto en los eventos de recarga como en los libros, es que ambos abordan el problema desde una perspectiva particular e individualista. Al parecer, ni remotamente es posible pensar que el problema sea mayor. Es mucho más manejable tratarlo como una avería local, en un creyente, que como una crisis generalizada del sistema, la iglesia contemporánea.

Creo que algunos ya deben de estar pensando que tal problema no existe, que estoy por descarriarme o que este artículo no es más que una excusa para esconder mis debilidades o falta de «búsqueda». Los comprendo, también yo pensaba así. Por mucho tiempo también busqué ese algo escurridizo y al no encontrarlo me juzgue a mí mismo. También juzgué a los demás por no tenerlo, aunque ni yo mismo lo había conseguido.
—Debe ser que soy débil o que estoy en pecado —me dije—; seguro desaparecerá cuando lea más la Biblia, ore más, o me inscriba en el instituto bíblico.

Veía a otros creyentes quienes supuestamente ya tenían el algo que yo buscaba y me daba envidia. En varias ocasiones hasta me enojé con Dios. ¿Por qué le das el algo a él y a mí no? ¿Acaso es él más especial que yo?

«Síguelo buscando, asiste a todos los cultos, ora, ayuna y lee la Biblia. Llora y grita al cielo, de ser necesario. Algún día te llegará tu turno», me contestó un hermano quien reciente mente había sido premiado con el algo que yo tanto anhelaba. Tuvo su experiencia en un evento reciente y yo le pregunté que cómo lo consiguió. Fui descarado y hasta un poco imprudente, pero seguí preguntando. ¿Cuál ha sido el cambio real, en que has notado una diferencia significativa? Me habló de cosquillas, escalofríos y sensaciones, algo sumamente individual, irrelevante desde mi punto de vista. Si su algo fue solo cosquillas debería de haber alguna otra cosa.

A este punto mis conclusiones eran las siguientes:

  • Ese algo se confunde fácilmente con emociones o sensaciones (escalofríos, por ejemplo).
  • Muchos creyentes que supuestamente lo han conseguido —yo incluido—, lo pierden en muy corto tiempo.
  • Para la mayoría de los privilegiados, ese algo no fue algo trascendental, sino, eventual y personal, algo que los emocionó por un momento y no tuvo ningún tipo de impacto, ni hacia la iglesia ni hacia el mundo.
  • De existir ese algo, debería ser un algo corporativo, para toda la iglesia, no individual. Y más provechoso que un simple escalofrió.
  • Siendo así, para conseguirlo se necesita más de uno.
Pueden ver la segunda parte de este artículo: Cristianismo eventual.