¡Caramba! Será por la semana santa, pero el mundo evangélico no deja de sorprenderme, día tras día. Estoy suscrito a un boletín de noticias cristianas y cada vez que leo uno de sus envíos, me deja con los ojos abiertos, como dos soles. Voy leyendo y diciendo que no, con la cabeza vuelta una hamaca, de lado a lado, sin poder creerlo. A veces hasta me muerdo los labios. La de hoy parece surrealista. Si el día de los inocentes no hubiera sido la semana pasada, creería que es una broma.
He visto cosas extrañas con relación a lo que algunos llaman un robo a la «industria del disco cristiano» y yo veo como una gran bendición: la piratería. Pero nunca conté con algo como esto. Ya —nos— han tomado por ladrones, pecadores y calificativos despectivos varios a sus hermanos que descargan una alabanza a Dios vía Internet o copian un CD de adoración, pero ahora no solo esto, sino, que esperan que pidan —pidamos— perdón.
El cantante cristiano Oscar Medina, testificó como un creyente arrepentido le envió una carta, con dolor en su corazón, confesando el pecado que había cometido contra él, al haber copiado varias de sus producciones.
—Pequé contra ustedes. Un tiempo atrás, tenia muchas alabanzas de las suyas… hice copias de varias de sus canciones.
Las siguientes palabras de este ladrón confeso son deprimentes, sujétense el alma con una mano antes de leerlas, para que no se les caiga:
—¿Cómo quieren que les restituya el pago? Podría trabajar para usted gratis, promoviendo su ministerio o hagan lo que quieran conmigo.
—Esta nota, conmovió profundamente mi corazón —dice el cantante—. Era el mensaje de una persona que me confesaba que por mucho tiempo había estado practicando la piratería y en esta ocasión me escribía arrepentido y pidiendo perdón por sus malas acciones.
Cuanto gozo, un ladrón arrepentido. Ya una vez estuve lanzando todo un mes (pueden leer el artículo titulado La economía de la escasez) temas de este tipo, y es de muy mal gusto repetir siempre la misma cantaleta —esa libertad solo me la permito en los púlpitos, tengo unos meses predicando el Cristianismo Simple en varias congregaciones—, pero el deber me llama.
No me imagino esas palabras puestas en la boca de Pablo, Pedro, ni siquiera en el mismísimo Judas, al que recientemente le han encontrado un supuesto evangelio. Durante siglos la cristiandad ha reproducido y hasta copiado a mano trozos de cartas, canciones y muchos otros contenidos cristianos, como la historia de Jesús. Este joven no está robando, es un hermano deseoso de adorar utilizando una música que se supone ni pertenece la disquera, ni al hermano Oscar Medina, ni a ningún hombre, sino de Dios.
Si primero pasamos por la caja y luego adoramos, somos santos; si adoramos sin pasar por la caja, nos llaman ladrones. Estas flores adornan muy bien a los cantantes que ellos llaman «seculares», pero no le van bien ni al reino, ni a la causa ni a los hijos de Dios. Adoradores somos todos, los que pagamos y los que no. Adoración es adoración, en original y en copia.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.