De aquí en más, tomar Coca-Cola será pecado — PezMundial
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De aquí en más, tomar Coca-Cola será pecado

Rafael Pérez 27 April 2006 : 12:16 pm 2,117 Lecturas
Esta es una de las partes de este cuento. Pueden ver el índice completo del mismo.

De estos cuentos cortos sobre el misionero Brian, el más esperado ha sido este, sobre la Coca-Cola —espero que no se decepcionen—. Dejo el final de la serie para mañana, todavía no me decido entre enviar a Brian de regreso a Florida o dejarlo en la misión.

Coca-ColaToda la iglesia local estaba reunida en la asamblea. El pastor Severino la presidía desde la plataforma. Estas reuniones a mediados del mes eran ya costumbre, en ellas se rendía el informe del mes anterior, se mencionaban las visitas realizadas por el pastor —a petición de él mismo— y, lo que no podía faltar: el estado de las finanzas. El orden y formalidad con que se conducía esta asamblea contrastaba con la informalidad de todas las demás cosas, en el pueblo y en la iglesia.

Los diáconos y miembros fundadores ocupaban los primeros bancos. Como cortesía, el misionero Brian también disfrutaba de voz y voto, el se sentó en segunda fila. Para esta soléenme ocasión, todos los hombres usaban corbata, las mujeres sus mejores vestidos y los niños se quedaban callados. Una anciana de la congregación era la responsable de mantener el absoluto silencio, a fuerza de miradas y reprimendas.

Arriba de la plataforma, un poco más atrás que el púlpito y de frente a la congregación, tres sillones de caoba centenaria, donados por un hermano carpintero para adornar el altar, daban al humilde lugar un aspecto faraónico. Uno fue ocupado por Severino, otro por Pineda —nadie sabe porqué, pero al ser Pineda uno de los miembros más respetados, también ostentaba este privilegió. El no lo exigía, pero siempre era llamado a ocupar ese lugar—, y el otro, por la Biblia grande con forro marrón del pastor.

Cualquier tema a tratar debía ser previamente incluido en la agenda del día, la secretaria de la iglesia se hacía cargo de esas labores. En el papel manuscrito, con perfecta caligrafía Palmer, letras largas un poco recostadas, se leía en uno de los puntos: «Se someterá a votación la suspensión definitiva de cualquier bebida estimulante». Este punto había sido todo un reto para Marianita, la secretaría. Tardó dos horas, aproximadamente, junto a Severino, dándole forma a ese concepto subjetivo que el pastor quería incluir. Tenía que sonar serio y formal.

Severino se había enterado tiempo atrás, quien sabe por qué medio, de la debilidad de Brian por la Coca-Cola, y ahí centró su estrategia de ataques. Era inconcebible para él que un misionero estuviera este tipo de ataduras carnales y debilidades terrenas. Eso no hizo más que confirmar su suposición de que los misioneros de ahora no eran como los de antes. Llegó a su mente el ejemplo de los fundadores, esos santos «santos esforzados»; su entereza y su integridad de carácter. Se lamentó por este pichón de misionero, que le habían mandado, el cual solo se parecía al reverendo Samuel en la cabellera rubia y la forma estropajosa en que ambos pronunciaban el español. «Una copia barata, débil y carnal. Cree que porque canta en inglés ya es como los primeros», se dijo para sus adentros.

La asamblea ya había agotado sus primeros puntos: La fidelidad en los diezmos, el cuidado de los bancos —algunos niños los rayaban y le pegaban chicle— y la separación que debían mantener tener los creyentes con los impíos —para no contaminarse—. Un diacono, al frente del micrófono, leía los puntos y los miembros activos pedían su turno para hacer uso de la voz, levantando la mano. Así, lentamente, llegaron al asunto esperado por Severino, quien no tomó parte en ninguno de los anteriores, sino, que se limitó a supervisar.

El pastor dejó su sillón, se tronó los dedos y avanzó hasta el púlpito. Él, personalmente, continuaría con la agenda. Abrió su Biblia y sacó de ella un recorte de periódico, doblado en cuatro. Se acomodó sus lentes de lectura y pasó a leerle a la congregación un informe periodístico donde hablaban de los efectos negativos de la cafeína y la posible adicción que esta podía ocasionar entre sus consumidores. Lo tenía guardado en su archivo de recursos para posibles sermones —era bastante organizado en estos asuntos, guardaba muchas notas de este tipo—.

Leyó:
Aunque la Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos (FDA) incluyó en 1958 a la cafeína en la categoría GRAS, o sea, alimentos generalmente reconocidos como seguros. Un estudio más reciente indica los potenciales peligros de su uso por sus efectos estimulantes sobre el sistema nervioso. El consumo excesivo de cafeína puede llevar a que se presenten frecuencia cardíaca rápida, diuresis (excreción excesiva de líquidos), náuseas y vómitos, intranquilidad, ansiedad, depresión, temblores y dificultad para dormir. Las principales fuentes de cafeína en la dieta diaria son el café y la Coca-Cola.

Por el lenguaje del informe, casi nadie entendió, pero todos los miembros se asustaron, les pareció altamente peligroso. Además, esa retahíla de nombres raros no podría ser otra cosa que pecado.

—Amados hermanos. Tenemos que preservar la integridad moral en nuestra congregación —dijo el pastor, solemne—. Así como evitamos consumir alcohol o fumar tabaco para cuidar el cuerpo, el cual es templo del Espíritu Santo —amén, grito uno de los miembros, el que era más débil con las bebidas—, también tenemos que evitar el consumo de cafeína.

Mientras Severino hablaba, no le quitaba los ojos de encima a Brian, el joven misionero. Era como si estuvieran solos, ellos dos, en el salón.

Una anciana que sufría de los nervios levantó la mano para hacer uso de la voz. Testificó para la congregación, como el diablo había querido atarla por medio del café. Agregó que justo ahora se daba cuenta de que su enfermedad no era más que uno de los ataques el maligno quien se había aprovechado de esa bebida pecaminosa para mantenerla enferma. En el fondo se escucharon sonidos de aprobación, una ola de amén y gloria a Dios inundó el templo. Se podía respirar el aroma de la santidad.

Para dejar el punto por concluido, el pastor determinó, vía un versículo traído por las greñas —para darle peso—, que de aquí en más, tomar Coca-Cola, café o cualquier otro alimento que contuviera cafeína, sería pecado. Ofreció disciplinar a cualquier miembro que fuera sorprendido en desobediencia.

Todos sabían que Severino también tomaba café, pero él fue precavido. Le ordenó a su esposa, antes de salir hacia la asamblea, esconder la cafetera. De aquí en adelante tomarían solo el té.

Espero poderle dar final a esta serie mañana. Confieso haberme tomado una Coca-Cola bien fría mientras escribía esta parte. Pobre de mí, vil pecador.

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Rafael PérezRafael Pérez (Pastor)
Conoció al Señor en el Templo Evangélico de la 19 de Marzo (1989) —Azua—, sirvió durante diez años en la Iglesia de Lucerna (Asambleas de Dios) y como maestro en varias congregaciones de Santo Domingo. También ha trabajado para el Departamento de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). En Abril del 2008 comenzó junto a su familia y un grupo de amigos la Comunidad Cristiana PezMundial. Rafael es Administrador de Empresas y vive en Santo Domingo (República Dominicana) junto a su esposa Carolina.

Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com

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