Rumbo a la oficina, sintonicé hoy todas las emisoras de radio que tengo memorizadas en mi auto: las de comentarios políticos, las de música suave y las de instrumentales. Faltaba una: Radio Renuevo, la emisora cristiana más escuchada en República Dominicana. Como buen evangélico, cuando puse música en mi auto lo primero que hice fue guardar la 89.7 FM —su ubicación en el dial— en la memoria #1. Para estar alineado con los hermanos, y además, para tener esa emisora a mano cuando uno de ellos entre al vehículo.
Desarrollé una destreza enorme para cambiar de música, antes de que pusieran la mano en el manubrio para abrir la puerta, ya había sacado el CD de Silvio Rodríguez y colocado en su lugar el último de Marcos Witt. Una vez pasó algo curioso. En vez de echar mano al CD de Marcos Witt, tomé por error uno de Jorge Drexler. El momento no pasó a mayores, una hermana que venía en el asiento de atrás fue la única que lo notó. Me preguntó que quien cantaba y le respondí que un artista uruguayo. Saqué el CD con total naturalidad y coloqué el otro de alabanza y adoración, nadie se dio cuenta. Si estaba escuchando la radio, era más fácil: bastaba con pulsar la memoria #1 para que estuviera en el aire Radio Renuevo. Todos éramos felices.
Hoy sentí nostalgia. Repasé desde la posición #1 hasta la #7 cada emisora memorizada sin hallar algo interesante. En el gobierno de la mañana (un programa de comentarios políticos) hablaban del lío de la Junta Central Electoral; en las emisoras de música suave, nada interesante; y era muy temprano para escuchar el Jazz que soltaba Estación 97.7 FM. Terminé bajando el volumen y me dediqué a escuchar el ruido de la calle que se colaba a través del cristal. No sintonicé a Radio Renuevo, pues esta emisora ya no estaba memorizada, fue remplazada por la X102, donde escucho todos los días al medio día: A la hora señalada. Un programa sobre cine.
Subí el volumen nuevamente y don dos toques sintonicé la emisora que me acompañó por muchos años. Estaba igual que siempre, salvo ligeros cambios en su programación.
En diciembre pasado publiqué un artículo corto en forma de lista que alguien llamó declaración de principios, aunque yo lo veo más como un grito desesperado, y en cierta modo, como consecuencia de vivir tanto tiempo dentro de la nube religiosa. Se tituló Me cansé. Sin pretender ser un decálogo, manifiesto o tesis (otro hermano me preguntó si deseaba hacer lo que Lutero y le respondí que no, pues Lutero estaba mucho más cansado que yo), se completó en diez puntos. Entre ellos estaba el siguiente: «Me cansé de cambiar la emisora cuando llega un hermano. Realmente es bien difícil estar sintonizando “Radio Renuevo” o buscar el CD de Marcos Witt apresuradamente para “quedar bien”; y es mucho más difícil hacerlo cuando están sonando en “la otra” emisora una de mis canciones favoritas».
Creo que en ese punto del artículo anterior está la causa por la cual no encontré la mencionada emisora en mi recorrido matutino: Me cansé de ser hipócrita y vivir haciendo cosas que no siento para complacer a otros que muchas veces tampoco las sienten, pero siguen el juego. Quizás vuelva a memorizarla, tal vez consiga para ella un numero nuevamente, pues siempre es bueno escuchar lo que cantan, comentan y hacen los hermanos. Lo que no veo posible es que vuelva a cambiar el dial cuando uno de ellos suba a mi auto. No estoy dispuesto a volver a ser hipócrita. De hoy en más, o escuchas lo que yo esté escuchando en el momento o apago la radio.
Debería se inflexible y dejar sonar libremente a Fito Páez, Silvio Rodríguez o a Jorge Drexler aunque los genes religiosos quemen por dentro a quien no esté de acuerdo; pero el corazón no me da para ese tipo de cosas. Prefiero apagarlo, o bajar el volumen, a discutir o dañarles el día a los demás por mis gustos musicales.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.