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Los otros hijos pródigos

Rafael Pérez 28 March 2006 : 10:00 am 1,216 Lecturas

AutobusDe paseo por el camino, encuentro a un lado y otro de la calle el grupo de creyentes que perdieron la ruta. Son jóvenes de mi generación quienes en un momento de sus vidas dieron el gran salto, miraron hacia los lados y compraron un pasaje de ida al mundo para nunca más volver a casa. Algunos de ellos asistieron a la escuela bíblica dominical, igual que yo, obligados por sus madres. Pero en el momento que tuvieron la opción de bajar del autobús que los llevaría al cielo, saltaron, sin pensarlo dos veces.

Antes, cuando los veía, hacía el intento de convencerlos, bajaba yo también e iba donde estaban. Pero al pararme a conversar con ellos terminaba tan desmotivado que tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano para no quedar en vergüenza y regresar al autobús. Sinceramente, su situación era igual que la mía, estaban tan cansados, desmotivados y aburridos como yo, su única diferencia era que habían tenido el valor de saltar y yo seguía en mi asiento, aunque inquieto, al lado del chofer.

Un predicador me dijo una vez que la estrategia para ganar almas de ese tipo era esperar un vació existencial. Tarde o temprano todo hombre puede ser alcanzado —decía él— si se espera a que el hueco llegue a su vida. Me dijo que ellos en algún momento se preguntarían: ¿Quién soy? ¿De donde vengo? Y ¿Para donde voy? Cuando la duda llegara a su vida sería el momento de halar el anzuelo. Me senté con paciencia a esperar la llegada del vacío pero a medida que pasaba el tiempo sus convicciones se hacían más fuertes y mis propias dudas crecían a un ritmo directamente proporcional a la decisión de ellos.

A diferencia del hijo prodigo de la Biblia, ellos no han tenido que comer algarrobas, por lo menos hasta ahora, veo muy lejos el día en que decidan volver a casa. Son jóvenes inteligentes, informados y con los suficientes recursos (económicos y racionales) para mantenerse a flote por mucho tiempo. Mi herramienta estrella para hacerlos recapacitar era la eterna disyuntiva: cielo o infierno, pero ante ellos no era más que otra historieta bíblica de las que escucharon conmigo en la iglesia, cuando todos éramos niños. Algunos me miraban con cara de pena burlona, como diciendo: el pobre, tan grande y todavía sigue creyendo en eso. Con el otro recurso: el ¡Cristo viene ya!, intenté solo una vez, y no quedé con ganas de volver a hacerlo.

Mis encuentros con ellos eran primeros esporádicos, después casuales y luego frecuentes; al final tuve que dejar de verlos. Sentí que con dos visitas más me tendrían de su lado. Yo también tenía dudas, estaba al igual que ellos cansado de asistir domingo tras domingo y creo que hasta había dejado de creer. En ultima instancia, la única diferencia entre ellos y yo era que a mi me faltaba el valor para saltar, o me hacía de la vista gorda. En suma, yo era más hipócrita que ellos —o por lo menos así me veía— y por eso había permanecido más tiempo en la misma ruta, directo al cielo.

Este es un tema en dos partes, lo dejo aquí por hoy, en la primera. Espero continuarlo y concluirlo mañana con mis últimos acercamientos a Los otros hijos pródigos (aunque inicialmente lo pensé en dos, este tema terminó siendo una serie de tres artículos y un colofón. El primero —este mismo— fue Los otros hijos pródigos; el segundo acabó titulándose Dudas: las suyas y las mías; el tercero, Hacia el cielo en bicicleta; el colofón Cristiano, sin apellidos, llegó extrañamente primero que los demás).

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Rafael PérezRafael Pérez (Pastor)
Conoció al Señor en el Templo Evangélico de la 19 de Marzo (1989) —Azua—, sirvió durante diez años en la Iglesia de Lucerna (Asambleas de Dios) y como maestro en varias congregaciones de Santo Domingo. También ha trabajado para el Departamento de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). En Abril del 2008 comenzó junto a su familia y un grupo de amigos la Comunidad Cristiana PezMundial. Rafael es Administrador de Empresas y vive en Santo Domingo (República Dominicana) junto a su esposa Carolina.

Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com

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