El domingo pasado estuve compartiendo una enseñanza en forma de taller en la Iglesia Metodista Nacional, con el titulo: Re-Descubriendo la Iglesia. Aunque el tema de la serie de talleres es el crecimiento espiritual, quise enfocarlo desde el punto de vista del crecimiento comunitario, por lo que tomé la imagen de que somos miembros de la familia de Dios presentada en Efesios capítulo 2.
Incluí en el tema la siguiente cita de Juan Wesley (pensé que vendría bien en una congregación metodista):
El cristianismo es, esencialmente, una religión social. Convertirlo en una religión solitaria (individualista) es, ciertamente, su destrucción.
Tradicionalmente el crecimiento espiritual se ha enseñado como una actividad personal, esencialmente individualista. Se nos dice que cada creyente debe preocuparse por su crecimiento, y si no está creciendo, entonces está mal. Les decía el domingo a los hermanos que Dios espera edificar su iglesia corporalmente, en forma conjunta. No es su deseo que dos o tres miembros de la familia maduren para que deslumbren al resto de sus hermanos, sino, que la iglesia completa pueda crecer, como familia.
He visto con preocupación como los deseos de madurez egoísta se cuelan entre las congregaciones convirtiendo a algunos hermanos en doctores o acaudalados del conocimiento mientras el resto de la congregación, sus hermanos, permanecen en la ignorancia o extrema pobreza. Pero todavía me preocupa más, que la profundidad intelectual sea al día de hoy la característica más rebuscada. No importa si carecen de amor, tolerancia o humildad, siempre y cuando los creyentes puedan tener doctrina, teología o profundidad hermenéutica serán héroes de la fe.
Por el crecimiento egoísta que se nos ha vendido desde el siglo pasado, fue que convertimos la iglesia en un adefesio, paremos monstruos. El cuerpo está creciendo deforme, un brazo es grueso y el otro flaco y cojeamos porque una pierna es más larga que la otra.
Fue una bendición compartir con estos hermanos. Es una congregación pequeña que se reune en una escuela, pero llena de gente agradable. En cierto modo me recordaron mi primera iglesia, el Templo Evangélico de la 19 de Marzo, en Azua.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.