Igual que en meses anteriores, les dejo una selección de los artículos publicados en el mes pasado (diciembre) con algunos comentarios sobre cada uno de ellos. Aunque diciembre fue un mes corto (me tome unas vacaciones del blog), creo que de alguna manera, sin pretenderlo, los últimos artículos sirvieron para concluir todo lo publicado en el año.
Dicen que escribir es bueno para aclarar las ideas, y en cierta forma por eso mantengo este espacio en la red. Aparte de generar conversación, lo que voy dejando me da luz, me sirve para aclarar la visión de Dios para mi vida y al mismo tiempo me permite poner un granito de arena en el reino de Dios.
Resumen:
Fueron muchas cosas, simplemente me cansé. Eché mano del cristianismo sencillo, tipo ABC, y empecé a vivir mi vida para Cristo y nadie más.
No se trata de leerlas mucho (las escrituras), o por trozos, o en el templo, o en varias versiones, se trata de vivirlas. Hacer que la Biblia sea una realidad para la iglesia no se consigue sentándose reverentemente a escuchar, hay que pararse diligentemente a vivir.
No es un tema entretenido, o cómodo, es más bien espinoso y bastante triste, hoy se lo mencioné a un amigo y la conversación se tornó tan deprimente que tuvimos que cambiarla. Con este preámbulo paso a traer el asunto en cuestión, es mejor deprimirse en conjunto que hacerlo en solitario.
Retroalimentación: Puedes usar el siguiente formulario para enviar cualquier pregunta o comentario sobre este artículo directamente al autor. (Ni tu comentario ni tus datos serán publicados.)
Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.