Levanta tu mano conmigo — PezMundial
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Levanta tu mano conmigo

Rafael Pérez 26 January 2006 : 10:30 am 914 Lecturas

ManoSería un buen ejercicio determinar en que negocio está la iglesia, en el de meter gente al cielo o en el de hacer a otros parte de reino. Los salvaremos del infierno (del diablo) o los haremos parte de la familia de Dios. No importa en cual de los dos lados estemos, a ti, alma perdida, te estamos haciendo un favor.

En el momento que te pidamos que levantes tu mano para convertirte, no solo te convertirás a Cristo, sino también, a nosotros, sus intermediarios. En Cristo hay gracia abundante, pero nosotros somos los distribuidores. Predicamos el evangelio de la gracia, esto es gratis, lo que cobramos es el costo de manejo, de intermediación.

Entrarás al templo, te sentarás tranquilamente a escuchar nuestras canciones, luego, alguien dará unos anuncios que por supuesto, tú no entenderás, pero seguirás callado a la espera de la próxima parte. Otra persona se pondrá de pie, entonará una alabanza emotiva y te presentará el predicador. Este sujeto no es nadie extraño, es el mismo ser humano que cuando pasa por el frente de tu casa ni te mira ni te saluda. No, no está transformado, ni le lavamos el cerebro, es solo que cuando vamos a predicar nos podemos en modo “salvador” y hablamos con reverberación. Mantente atento, es casi el momento de que levantes la mano.

Ya casi se termina el sermón. Sí, fue largo, pero el tiempo es un acuerdo no escrito entre nosotros los predicadores: ni menos de veinte minutos ni más de una hora y media, el tiempo justo deberían de ser cuarenta minutos. Solo nos pasamos con diez. ¡No protestes! No estamos obligados a salvarte, recuérdalo: ¡La iglesia te está haciendo un favor! Ya te permitimos usar un banco, te dejamos cantar con nosotros nuestras canciones. Tú solo tienes que levantar la mano, si puedes acompañar esto con una lagrima, será todo un detalle. Solo trata de reservarla para el final, cuando el predicador ponga su mano en tu hombro (o en tu cabeza).

Si la iglesia se convierte en un establecimiento de comida rápida, no tendremos otra oportunidad de salvar un alma. Cuando un amigo entre a nuestro templo se convertirá automáticamente en el cliente potencial (y casi obligatorio) de nuestro servicio. Es extraño, pero hemos perdido esa atmósfera de amor que rodeó la iglesia en sus primeros años. Ya nadie se emociona al ver un nuevo miembro en la familia, ahora lo único que importa, es contar las manos levantadas. Ya le gente no viene a pertenecer, solo levantará su mano, se anotará en una libreta y esperaremos que el domingo próximo podamos contarlo nuevamente. Si logramos bautizarlo, será otro logro, un número adicional para nuestras cuentas.

En esto nos hemos convertido, en locales de distribución de la fe, vendedores del evangelio como si fuera comida rápida. Nadie, en su sano juicio, entraría a un local de Mcdonalds solo a mirar el menú o a disfrutar del clima agradable. Si entras, o compras o te miramos mal para que te salgas. Así está pasando en las iglesias. No disfrutamos que los amigos se integren a compartir con nosotros, si te traje a mi iglesia y no te convertiste, la visita fue un fracaso, es más, ni te invitaré de nuevo; no seguiré perdiendo mi tiempo, desperdiciando mis canciones o ocupando el espacio de mis bancos.

Es pertinente recordar que hasta el siglo 18, nadie, en ninguna iglesia, hacía llamados a pasar a la plataforma. La gente venía, veía, era alcanzada por Cristo, y luego, públicamente eran presentados por medio del bautismo. Siempre he visto la conversión como un proceso privado. La gente decide en su intimidad (ahí donde solo caben ellos y Dios) seguir a Cristo. Tenemos que volver al evangelio tipo ven y ve que conocieron los primeros creyentes. Dejemos que la gente venga a Cristo y se integre a la iglesia de forma natural, sin presiones ni técnicas baratas de manipulación por ventas. Los amigos no son clientes potenciales, sino, hermanos posibles.

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Rafael PérezRafael Pérez (Pastor)
Conoció al Señor en el Templo Evangélico de la 19 de Marzo (1989) —Azua—, sirvió durante diez años en la Iglesia de Lucerna (Asambleas de Dios) y como maestro en varias congregaciones de Santo Domingo. También ha trabajado para el Departamento de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). En Abril del 2008 comenzó junto a su familia y un grupo de amigos la Comunidad Cristiana PezMundial. Rafael es Administrador de Empresas y vive en Santo Domingo (República Dominicana) junto a su esposa Carolina.

Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com

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