Ayer, gracias a un amigo, me colé como invitado en encuentro con Brian McLaren. Brian es un escritor bastante conocido por sus libros sobre lo que se ha llamado la iglesia emergente y postmodernismo. Me dio mucho gusto ver que es una persona sencilla y bastante accesible. Fue invitado al país por los hermanos de La Red del Camino.
Estuvo hablando de un concepto bastante interesante, el Post-Colonialismo. Siempre que hablo sobre postmodernismo con amigos, llegamos a la conclusión de es injusto llamar postmodernos a países como el nuestro (República Dominicana), pues el modernismo nos pasó por encima. El concepto que expone este escritor es mucho más incluyente, pues nos llama Post-Coloniales.
La idea central de lo que habló es que la decadencia del evangelio a nivel mundial tiene mucho que ver con la forma en que fuimos evangelizados. Les dejo con un chiste que nos contó, el cual explica muy bien el asunto:
Cuando los colonizadores llegaron a nuestros países, ellos tenían la Biblia y nosotros la tierra. Todos cerramos los ojos para orar. Cuando los abrimos, ellos tenían la tierra y nosotros la Biblia. ¡Así nos evangelizaron!
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.