La forma en que los creyentes compartimos el evangelio se parece mucho a la estrategia de ventas que implementan algunas constructoras. Hacen los planos de un bonito edificio residencial y comienzan, sin tener dos blocks juntos, a buscar compradores. En cierto modo no venden una propiedad, sino el sueño de tenerla. Los felices compradores van a la constructora con dinero real y reciben un documento de propiedad. Si son afortunados, verán una vista panorámica con algunos dibujos, de lo que será la obra. Felices y contentos regresan a sus hogares a soñar con el día en que podrán disfrutar del lindo edificio que compraron en los planos, y a pagar mensualmente sus cuotas.
Después de mucho tiempo y entregas pospuestas, la construcción se vuelve la obra más lenta del mundo. Día tras día los compradores se mantienen llamando con la esperanza de recibir su llave, pero solo reciben una nueva fecha de entrega. Los plazos se mueven cada vez más lejos, pero ellos siguen pagando sus cuotas para su lindo apartamento religiosamente. Algo muy parecido es lo que pasa con el cielo.
Al día de hoy la iglesia solo sabe vender sueños. Cuando compartimos el evangelio solo le podemos mostrar a las personas los planos bíblicos de un bonito edificio residencial de color morado (voy a preparar moradas) que Cristo está construyendo para nosotros. Domingo tras domingo nos reunimos todos los compradores, contrato en mano, en la sala de espera de la constructora (el templo) con la esperanza de que nos entreguen la llave. Con razón es que noto desesperación en la cara de algunos de mis hermanos, algunos tienen años y no le entregan su llave. El pastor, representante del administrador de la obra, dice: ¡No se desesperen! Ya Cristo viene, señales hay, pude ver que solo falta que le pongan las ventanas.
No quiero parecer incrédulo, yo también espero el día en que podamos entrar en el bonito edificio residencial que será el cielo, es más, compré mi propiedad hace muchos años y todavía sigo esperando. Pero ser cristiano no se trata solamente de edificios residenciales, se trata de vivir en la medida de lo posible en esta tierra los ideales del reino que estaremos viviendo en aquella. De vez en cuando creo que Cristo no ha venido porque no estamos preparados para vivir en el cielo, un lugar donde reinará la paz, el amor y todas esas cosas que aparecen el Nuevo Testamento, mismas que deberíamos estar viviendo hace más de dos mil años pero las hemos reservado para vivirlas en el cielo.
No podemos esperar llegar al cielo para disfrutar el calor, el amor y los beneficios de ser parte de la iglesia. Podemos de ser familia aunque todavía no tengamos un techo propio. Si no podemos amarnos viviendo en una casita estrecha tampoco lo haremos cuando vivamos en el complejo residencial. Solo sabemos predicar cielo o infierno, pero es que todavía no tenemos una familia que mostrar, la iglesia no está llena hermanos, sino de compradores.