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Hablemos de reuniones

Rafael Pérez 14 December 2005 : 10:35 am 504 Lecturas

ReunidosHay mucha diferencia entre conocer a Jesús formando parte de su familia, la iglesia, y aprender a ser cristianos para venir a congregarnos. He visto que la vida cristiana contemporánea está fuertemente fundamentada en unas cuantas buenas prácticas aprendidas, no digo que sean malas, me refiero más bien a la forma mecánica de llevarlas. Solo por mencionar un ejemplo, ¿hasta que punto disfrutamos reunirnos como iglesia o asistir al templo? Bajo riesgo de parecer muy sincero, puedo afirmar que son pocos los creyentes que realmente anhelan que llegue el día de culto, cada día asistir es más un ejercicio espiritual, como el ayuno, que un momento disfrutado.

El asunto se ha vuelto tan complicado que es necesario amenazar o amedrentar a los miembros para poder celebrar una reunión. Si la iglesia es una familia nuestras dificultades para estar juntos dejan mucho que desear. Hasta en las peores familias sus miembros desean llegar al hogar, dice un cuento de bebedores que un borracho puede olvidar cualquier cosa, pero a fin de cuentas siempre consigue el camino a casa. Esto es mucho decir, ¡los borrachos nos superan!

No tengo una solución terminal para nuestro problema, pero puedo mencionar algunas causas. Ya he tocado anteriormente algunos de los puntos que mencionaré, pero creo que hurgando en ellos se pueden encontrar respuestas.

Dos puntos:

  • Reverencia hacia los objetos y lugares. Nuestra tradición religiosa es fuerte, recuerdo que hace años, en mi primera iglesia, había casi que conseguir un permiso del pastor para dejar que un creyente sin bautizar se suba a la plataforma, o como le decíamos, al altar. Antes de presentar una obra teatral desde arriba había que hacer una depuración, para no contaminar el lugar santísimo.

    Lo mismo pasaba con la conversación, si dos creyentes se atrevían a intercambiar palabra durante el culto eran duramente reprendidos con el tradicional versículo, citado reverentemente: Jehová está en su santo templo, calle delante de Él toda la tierra. Bromeaba con unos amigos y les decía que a los líderes nos gusta que la congregación se quede muda, reverentemente, para que solo se escuche nuestra voz. El complejo del papá gallo.

  • Las reuniones profesionales. Sé muy bien lo que hago cuando llego a mi casa, a compartir con mi familia. Me quito la corbata, los zapatos y me pongo ropa cómoda para dejarme caer en un cómodo sofá a tomar café con mis seres queridos, cómodamente. En la iglesia, donde se supone que me encontraré con mi familia espiritual, me obligan a usar corbata, ropas calurosas, y tengo que sentarme bien derecho, mirando solo hacia el frente como caballo de carga. En mi mente no cabe la idea de que esos fatales objetos de madera a los que llamamos bancos sean invento de Dios, si en el cielo se usarán bancos me quedaré sentado en una nube. En ninguna familia hay protocolos rígidos para las reuniones, nadie cambia la voz para hablar en la sala, pone cara de santo o vocabulario medieval para dirigirse a sus hermanos.

    Hay hermanos que no pueden marcar diferencias entre formalismos, organización y reverencia. Creen que no se puede desarrollar una reunión organizada sin usar corbatas. La iglesia puede ser informal, como toda familia, sin perder la organización, o rayar en lo irreverente. Volviendo al punto de la familia física, en ninguna casa el padre se identifica por usar un traje diferente, sus hijos le respetan y reconocen aunque todos estén sentados en el piso o en pantalones cortos.

Cuando volvamos a ser una familia, naturalmente, sin rituales aprendidos de asistir, mirar al frente, cantar himnos con tono raro y escuchar un mensaje idealizado, no disfrutaremos estar juntos. Si la congregación de los hijos de Dios recupera la espontaneidad que tuvo en sus primeros días asistir dejará de ser un sacrificio para volver a ser un placer. Los templos se llenarán de verdaderos hermanos, hablando, testificando, y amando, sin ningún programa ni ritual establecido más que las ganas de ser iglesia y la intención de glorificar a Dios siendo parte activa de su familia. !Eso si será un testimonio vivo hacia los no creyentes!

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Rafael PérezRafael Pérez (Pastor)
Conoció al Señor en el Templo Evangélico de la 19 de Marzo (1989) —Azua—, sirvió durante diez años en la Iglesia de Lucerna (Asambleas de Dios) y como maestro en varias congregaciones de Santo Domingo. También ha trabajado para el Departamento de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). En Abril del 2008 comenzó junto a su familia y un grupo de amigos la Comunidad Cristiana PezMundial. Rafael es Administrador de Empresas y vive en Santo Domingo (República Dominicana) junto a su esposa Carolina.

Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com

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