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Cristianamente apadrinados

Rafael Pérez 1 December 2005 : 12:21 am 750 Lecturas

FedericoDespués de ver a Lázaro Carreter despotricar sin reparos contra el anglicismo “Sponsor”, en su libro El dardo en la palabra, me puse a pensar en los mecenas cristianos. Durante el renacimiento florecía el mercado artístico por medio de la esponsorización (con el perdón de Carreter). Los poderosos patrocinaban sus artistas protegidos, algunos hasta eran acomodados en palacios y les asignaban cuantos gustos asomaran a sus artísticos deseos.

El cristianismo y el mecenazgo han venido hermanados desde el renacimiento, esta unión floreció con papas renacentistas como Julio II, quien cargó para sí con el honor de ser protector de Miguel Ángel y Rafael. Se dice que hostigó tanto a Miguel Ángel en los trabajos artísticos de la Capilla Sixtina, que el artista terminó echandolo del lugar como requisito para terminarle la obra.

Los Médici, familia de banqueros que gobernó Florencia durante el renacimiento, pasaron a la historia como los mecenas más respetados. Cuentan entre sus protegidos a los más grandes artistas. Los Médici se hicieron con Roma al colar como papa a Juan de Médici, quien fue nombrado cardenal a los 13 años y papa a los 37, bajo el nombre de León X. Amante de las artes y reconocido mecenas, continuó la tradición familiar por medio de construcciones y encargos de obras a grandes artistas. Leonardo da Vinci también vivió en el Vaticano, bajo el patrocinio de Giuliano de Medici, hermano de León X.

El mecenazgo del papado es parte importante entre las causas que motivaron la reforma protestante. Paradójicamente, Martín Lutero también encontró su protector en la persona de Federico el Sabio, mecenas de las artes, la ciencia y la reforma protestante. Para salvarle la vida, Federico lo raptó en el camino entre Worms y Wittenberg, luego que el reformador tuviera un difícil encuentro con el emperador Carlos V, instalándolo en el castillo de Wartburg tal como habían hecho antes Julio II y León X con Miguel Ángel y Rafael en el vaticano.

Ya esponsorizado, Lutero se embarca a puertas cerradas en un proyecto tan grande como el que pidiera Julio II para la Capilla Sextina, la traducción del Nuevo Testamento al alemán. Esta fue quizás la mayor contribución del reformador al pueblo cristiano, obra pertinente, relevante, y con un lenguaje tan vivo como los frescos en la bóveda que pintó Miguel Ángel. A fin de cuentas, Lutero, Rafael, Miguel Ángel y Leonardo da Vinci tienen algo en común, todos fueron cristianamente apadrinados.