Estuve leyendo un artículo muy bueno de Rick Lowry (pastor de Crossroads Christian Church) sobre el discipulado. Presenta la formación de nuevos discípulos como una relación, contrario al enfoque actual de las estrategias de crecimiento que lo presentan como una cadena de montaje. En vez de encerrar los discípulos dentro de un aula a mirar una pizarra, el mentor los invita a unirse a él en un viaje.
Su salón de clases era la vida cotidiana. David nos llevaba a las iglesias donde hablaba y a los salones de clases donde enseñaba. David también se aseguró de que aprendiéramos como vivía un hombre de Dios. David, su esposa, y sus hijos siempre tuvieron abierta la puerta de su hogar. Pasamos muchas tardes en su sala de estar. Ahí hablábamos y comíamos como una familia. En el proceso, aprendimos como era un hogar devoto, sin necesidad de estudiarlo en un salón de clases.
Aparte de su experiencia en ese “viaje de discipulado”, el autor presenta un plan a tres años bastante interesante:
Pueden leer el artículo completo.
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
Cualquiera podría pensar que la iglesia del Señor es un lugar ideal, uno en el que no existen los conflictos y si acaso se presentara alguno se resolvería de forma rápida y sin mayores dificultades. No, eso no es así. La iglesia es una familia real, una en la que las diferencias y desavenencias se presentan día tras día entre hermanos que no siempre logran ponerse de acuerdo, por lo menos, no en el momento.
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
El mejor maestro es aquel que puede mostrarnos a Cristo más claramente, un instrumento de un fin más allá de él mismo y que cuando mejor hace su trabajo es cuando menos logra verse.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.