Esta es mi caricatura favorita de todos los tiempos: Los Simpsons. Soy admirador del hermano Ned Flanders (Un cristiano grandes ligas), quien ha logrado educar a sus hijos (Rod y Tod) dentro de una nube de historias bíblicas y juegos educativos edificantes, también lucha fuertemente para mantenerlos alejados una mala influencia, los hijos de Homero, su vecino. Es un creyente ferviente de los que llaman al pastor a su casa para pedir consultas y nunca dice que no cuando los vecinos le piden sus electrodomésticos prestados, aunque casi nunca los devuelvan. Su consejo para los padres cristianos es el siguiente:
Un poco de diversión no viene mal a nadie. Antes dejaba a mis hijos que viesen “La Huerfanita”, pero luego me di cuenta de que no dormían por la noche.
El Reverendo Alegría es otro de mis favoritos. Pastor de la iglesia de Springfield y aficionado a los trenes eléctricos. También es alérgico a Ned Flanders, quien interrumpe sus tardes de juego para pedir consultas sobre vida cristiana. Insuperable su forma de citar la Biblia dando los números de las páginas o su manera de recomendar otras iglesias para sus miembros conflictivos:
Ned, ¿por qué no eliges una de las otras religiones mayoritarias? Todas vienen a ser lo mismo.
Quien vea dos temporadas completas de Los Simpsons puede ahorrarse un año de seminario bíblico, o por lo menos las clases de antropología.
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En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.