Me quedé sorprendido al conocer el volumen de crecimiento de la “industria” del libro cristiano. El tema me interesó y me he puesto a investigar un poco para conocer como llegamos a este punto. Mi inquietud inició por un artículo de Christianity Today que republicaron en la revista Página Abierta, de Editorial Clie.
Decía lo siguiente:
Así, la «industria» cristiana, como suelen decir algunos, ha pasado de ser un ministerio marginal de apoyo a la Iglesia en la predicación del Evangelio para convertirse en un negocio billonario (con «b» de billón) que numerosos especuladores financieros observan atentos con ojos codiciosos y dispuestos a sacar tajada.
En 1998, antes del fenómeno Dejados Atrás, las ventas anuales de Tyndale House ascendían a 40 millones de dólares. Para el ejercicio 2001 rondaban los 200 millones. Las ventas anuales de libros y otros productos cristianos en Estados Unidos se cifran actualmente en 1.4 billones de dólares. Estas cifras billonarias han hecho que los gigantes de las comunicaciones y los especuladores financieros se lanzaran de lleno a la caza del negocio cristiano y a la compra de editoriales cristianas.
Bien, ya sabemos que al día de hoy la venta de libros cristianos mueve unos 1.4 billones de dólares al año, solo en Estados Unidos, pero, ¿Cómo llegamos aquí? Para conocer el origen de nuestra afición a los libros hay que trasladarse al siglo XVI, en tiempos de la reforma protestante.
La reforma fue en gran medida impulsada por un asunto mediático. La popularización de la imprenta, un nuevo medio de comunicación, coincidió en tiempo y espacio con las ideas de un gran reformador, Martín Lutero.
Durante la edad media la vida de la iglesia estaba centrada en un proceso repetitivo de ir, escuchar y regresar, Lutero cambio el ritual y puso en el centro la Biblia como norma de vida, agregándole a esto la interpretación personal de la misma y el sacerdocio de todos los creyentes. Antes, un buen cristiano era el que asistía fielmente a misa, ahora lo era el que más conocía la Biblia y podía interpretarla correctamente.
Hay que recordar que la reforma protestante fue un correctivo para un problema: El oscurantismo. Durante siglos ningún creyente tuvo acceso directo a las enseñanzas de Jesús, todo era canalizado por un pequeño grupo de lectores que procesaban la información y la distribuían al pueblo durante la misa del domingo, para colmo de males, lo hacían en latín, y el pueblo no entendía.
Como dice Dietrich Schwartz:
Lutero convirtió la Biblia en el único criterio para determinar todo artículo de fe. Como no aparecía en la Biblia, suprimió el purgatorio, la adoración de la virgen y los santos, así como los sacramentos de confesión y extrema unción. El centro de la liturgia religiosa no era ya el ritual, sino el sermón. De este modo el sermón y la Biblia hicieron de la fe protestante la religión de la palabra y la escritura.
Entonces, ¿Por qué consumimos tantos libros? Invertimos 1.4 billones de dólares anuales en libros porque creemos que leer más nos hace mejores cristianos. Nosotros compramos libros por la misma razón que el católico va a misa a las siete de la mañana, nos enseñaron que es el medio para acercarnos a Dios. No digo que esté mal leer libros, el asunto está en confiar que eso nos hará mejores creyentes. Es el mismo punto que expone Gene Edwards en su libro Revolución, mismo que ya he citado:
El lema del cristianismo contemporáneo es conozca la Biblia. Esta idea envuelve virtualmente el pensamiento de la época actual. Es el primer y principal concepto que se le inculca a todo nuevo converso. Esta idea todo dominante se ha mantenido en primer lugar durante los últimos 200 años, tiempo éste más que suficiente para haber sido comprobada y para que haya producido el fruto que se supone que debiera haber producido. Estimado lector, si alguna vez usted llega a conocer realmente al Señor en una experiencia profunda y permanente, vendrá a darse cuenta súbitamente de que el enseñar doctrinas ha sido algo inventado por hombres que, después de todo, no conocían tan bien el Señor.
Centrar nuestra vida en el libro, y no en Cristo, ha dado origen a trivialidades varias como las competencias de versículos y los pleitos por asuntos doctrinales. Entiendo que en tiempos de Lutero, donde se estaba haciendo una transición de la edad oscura al libre acceso a la verdad era necesario fomentar los libros, ahora, después de siglos libro en mano, es necesario comenzar a vivir. El primer paso fue traer la palabra a la iglesia, el segundo será devolverle la vida.