Hay un tipo de cristiano bastante interesante, es el cristiano sensorial. Por sus características parecería que la madurez le llegó de golpe o que tiene una entrada V.I.P al almacén de provisiones de Dios. Siempre están en gozo, victoria y avivamiento.
Al hablar con un cristiano sensorial cualquiera sale deprimido. Son casi héroes de la fe, están constantemente con el tanque lleno, de su boca solo salen grandes testimonios. En una ocasión me atreví a confesar ante unos sensoriales que disfrutaba mucho mi fe, pero que hacia un tiempo que no sentía la presencia de Dios. ¡Por casualidad no fui crucificado! Estuvieron al punto de lanzarme al agua como a Jonás, dijeron que si no sentía era porque estaba en pecado.
El cristiano sensorial gusta de las muchas profecías y las oraciones de intersección donde se imponen las manos. He participado en algunas de sus reuniones donde el objetivo es moverse los unos a los otros, como si de eso se tratara el cristianismo. Yo te profetizo y tú me profetizas, yo te impongo las manos y tú me las impones a mí.
El cristiano sensorial vive centrado en el mismo. Su objetivo no es dar, sino acaparar cuanta “unción” sea posible para alcanzar madurez. Miden la unción por centímetros, el más maduro es el que tiene la unción más grande y puede poner al grupo a sentir más fuerte. Que ore el hermano fulano, cuando el intercede la presencia de Dios desciende.
La realidad de la madures es diferente, Dios se ausenta por tiempos para hacernos crecer. Recuerdo que cuando era un niño me enviaban de vacaciones a otros pueblos, a la casa de algunos familiares. Al llegar la noche me entraba una desesperación incontenible por sentir a mi mamá y rompía en llantos. Mi tía desesperada hubiera querido salir de madrugaba en el primer vehículo que encuentre a regresarme a mi casa. Los niños tienen la necesidad de estar todo el tiempo tocando a sus padres, los adultos no. Cuando crecí, comprendí que el amor de mi madre no varía por la distancia, aunque no pueda sentir sus manos puedo contar con ella.
Si nos guiamos por nuestras emociones podemos ser fácilmente confundidos. Un frío en el estomago puede significar muchas cosas, desde hambre hasta alegría, no solo la presencia de Dios. Cuando Cristo estuvo en la tierra fue más práctico que sensorial, la gente no le seguía para sentir algo, le seguir porque de Él salían palabras de vida. Una manifestación sensorial es muy linda, pero solo dura unos minutos, una verdad espiritual se recibe sin mucho ruido, pero puede transformar al hombre.
El cristianismo no se trata de sentir, se trata de creer. Una reunión de la iglesia no es un parque de diversiones donde de juega con la gravedad para sentir grandes emociones. Puedo sentir la presencia de Dios en el amor de mis hermanos, en la reunión ordenada, o hasta en la naturaleza. El cristiano vive por convicción, no por emoción.