Ya mencioné en otra ocasión de la Película de Walter Salles, Diarios de Motocicleta. El fin de semana pasado la volví a ver otra vez y media. Es una película biográfica sobre el viaje de Ernesto Guevara por latinoamérica junto a su amigo Alberto Granado, en una motocicleta, “la poderosa”. Era un viaje de descubrimiento para ver lo que solo conocían por libros, pero terminó marcándoles la vida.
Lo que más me gustó fue ver en pantalla a un jóven común de familia argentina acomodada buscando respuestas a sus preguntas, antes de convertirse en el comandante Ernesto “Che” Guevara, icono latinoamericano y héroe de la revolución cubana.
En el afiche promocional viene un tagline que dice:
Deja que el mundo te cambie… y podrás cambiar el mundo.
Se me ha quedado en la cabeza la música que Gustavo Santaolalla hizo para la película y la canción “Al otro lado del río”, que compulso Jorge Drexler, con la cual ganó el Oscar. Pueden escuchar las canciones en la página oficial, les dejo un trozo de la que más me gusta:
Clavo mi remo en el agua, llevo tu remo en el mío, creo que he visto una luz, al otro lado del río.
Sobre todo, creo que, no todo está perdido. Tanta lágrima, tanta lágrima, y yo, soy un vaso vacío… Oigo una voz que me llama, casi un suspiro: ¡Rema, rema, rema!
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Rafael Pérez (Pastor)Contacto: Twitter (@rperez) / Oficina (809) 238-5414 / rafael@pezmundial.com
En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.