Sigo leyendo sobre Martín Lutero. Conseguí uno de sus escritos fechado en 1523. Tomando en cuenta que clavó las 95 tesis en 1517 y fue excomulgado en el 1521, pienso que este ya no era un escrito buscando conversación con la iglesia católica, sino sembrando las bases para las nuevas reuniones de creyentes.
Su introducción:
El servicio que ahora está en uso común en todas partes se remonta a los comienzos cristianos genuinos, al igual como el oficio de la predicación. Pero así como éste ha sido pervertido por los tiranos espirituales, así aquél ha sido corrompido por los hipócritas. Del mismo modo que no abolimos por esa causa el oficio de la predicación, sino buscamos restaurarlo otra vez a su lugar correcto y propio, tampoco es nuestra intención eliminar el culto, sido restaurarlo otra vez a su uso debido.
Un resumen de los puntos principales.
Lutero consideraba que en el culto se habían introducido tres abusos:
Pueden leer el escrito completo, luego comento las otras partes, que también están muy interesantes.
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En cuanto a la lectura, los cristianos regularmente estamos en dos lados: el lado de aquellos que no leen nada y el lado de aquellos que solamente leen un reducido número de autores, especialmente los «autores populares».
Distraernos en cosas secundarias aunque no necesariamente sean pecaminosas es la tentación más común: el abuso del trabajo —incluido el trabajo ministerial— o el abuso del reposo son distracciones populares que por no tener la connotación negativa de la borrachera, el adulterio o la idolatría se pasan por alto.
Fruto no es cualquier cosa «buena» que se manifiesta en la vida de alguien, sino, solamente aquello que se manifiesta como consecuencia de la vida de Cristo y que sin Cristo sería imposible que se manifestara.
En la conversación que tuvo nuestro Señor con la mujer samaritana se describe el punto más importante de la correcta adoración, sin importar cuál sea la expresión de la misma (canto, oraciones, obediencia, ofrendas). Todo comienza con una correcta idea de Dios.
Un cristiano no es un hombre crédulo, nunca cree con ligereza y pocas veces lo hace fácilmente. Más bien es un hombre que luego de luchar (intelectualmente) en algunos casos por largo tiempo ha llegado a persuadirse de que Cristo es real, que es el hijo de Dios y es su salvador.
Los Salmos son expresiones emocionales que emanan de las convicciones de hombres muy profundos y a la vez sensibles como el rey David. Hombres que podían llorar ante la desesperación y al mismo tiempo encontrar consuelo en las firmes promesas de Dios.